Ejemplos ?
Al nombre odiado de Landolfo, Orso se estremeció de furor, y desnudando el puñal, iba a atravesar la garganta del pequeño...; pero éste, apacible, le sonreía, y su sonrisa era la sonrisa encantadora, inolvidable, de Lucía cuando su padre la acariciaba, en los días de la niñez.
De este modo fue como afirmaron que sería uno de los principales hombres de su tiempo; afamado y admirado por muchos, pero también odiado y calumniado por otros, sobre todo en su juventud.
Tan sólo le preguntaban: «¿Quieres prestar juramento?» Y si no: «Preparados, listos, ¡fuego!», y allí yacía el renegado. Temido y odiado era Sir Robert a lo largo y ancho de la región.
¿Puede una mujer amar alguna vez a un hombre al que ha visto comportarse de forma grosera? Ciertamente, las primeras impresiones no se borran, y estoy seguro de que este señor Alphonse merece ser odiado...
Entonces, empezando por largar el chaquetón y por vestirse la levita de paño fino, y por echarse el gran reló y la no pequeña cadena de oro, y hasta el odiado sombrero de copa, como hombre a quien se encomendaban intereses cuantiosos con absoluta confianza, revestíase de formalidad y desaparecía casi por completo de la escena en que le hemos estudiado.
Al efecto, llevaba siempre conmigo un diminuto bull-dog, y ya no veía el momento de meter una bala en la panza gorda del monstruo, del odiado animalejo.
Pero don Raimundo era tan poderoso y temido, y por su inaudita soberbia era don Fruela tan odiado, que nadie acudía a defenderle.
El verdadero tesoro de la iglesia es el sacrosanto evangelio de la gloria y de la gracia de Dios. Empero este tesoro es, con razón, muy odiado, puesto que hace que los primeros sean postreros.
Lo que os mando es que os améis los unos a los otros.» 18. «Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros.
también, si me amas. Quien ama sólo teme ser odiado. Ángel mío, la lengua se me traba, sólo puedo decirte que te adoro; Fileno es ya tu esclavo, te idolatra.
Se inició una persecución por ruedo y tendidos, doquiera el pueblo fiero y amostazado pillaba al odiado enemigo; dábale caza y muerte sin escuchar clemencia… amén de que nada sabe del francés… Avisado el jefe enemigo de la matanza dentro del recinto, ordenó abrir la puerta grande de un certero tiro de cañón, y voladas que fueron las pesadas tablas lanzó por ellas dentro del corto túnel que salva los tendidos de sombra con dirección al soleado albero, una sección de sus Cazadores a Caballo de dorado casco, botas altas y fulgurante sable.
Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. 14. Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. 15.