octosílabo


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octosílabo, a

1. adj. De ocho sílabas.
2. s. m. POESÍA Verso que tiene ocho sílabas escribe en octosílabos.

octosílabo, -ba

 
adj. métr. Que tiene ocho sílabas.
m. Verso octosilábico.
Traducciones

octosílabo

A. ADJoctosyllabic
B. SMoctosyllable
Ejemplos ?
Esta tradición se compone tanto de la lírica tradicional, oral y popular (villancicos, canciones de amor...) y la lírica no-escrita que transmitía el romancero, como la lírica culta (de autores como Juan de Mena o el Marqués de Santillana) y la lírica cortesana de raíz trovadoresca recogida en los cancioneros, el más famoso de los cuales fue el de Hernando de Acuña.:Esta poesía tradicional está ligada al empleo del verso corto, especialmente el octosílabo.
Comienza a publicar en la revista Páginas. En esa época su metro preferido era el octosílabo, y su forma habitual era el sonetillo.
Recoge tanto la lírica tradicional (villancicos, cancioncillas de amor, textos romanceriles, etc.) como las de la poesía de cancionero del siglo XV en su vertiente amorosa y didáctica moral. Ligada al uso de metros cortos, especialmente el verso octosílabo.
Martín de Aspilcueta " (1918). Se destaca de su obra de narración en verso, en la que se autoencasilló, la facilidad para el verso octosílabo y endecasílabo.
El romance servía para narrar hechos, y la octava real para narraciones más descriptivas; los sonetos en las esperas y los monólogos introspectivos, o décimas para los lamentos y quejas; para los diálogos, redondillas y quintillas. Los versos predominantes eran el octosílabo y algo menos el endecasílabo.
Para esta forma escoge el octosílabo, por lo general redondillas o cuartetas asonantadas; sus gustos en estilo eran muy neoclásicos, como demuestra el epigrama que consagró a Luis de Góngora: "Del obscuro Licofrón / mereces, Góngora, el nombre; / que si él fue griego entre griegos, / tú eres griego entre españoles".
Recuperación de algunos tipos de versos poco utilizados, como el alejandrino o el eneasílabo, aunque se continúan utilizando otros como el endecasílabo y el octosílabo, que ya estaban más que consagrados en la literatura española.
Al igual que en otros cantares de gesta españoles, no hay un número fijo de sílabas por verso, aunque existe una tendencia a que midan entre 14 y 16 sílabas métricas con cesura muy pronunciada, que divide el verso en dos hemistiquios, de los cuales el primero tiende a ser octosílabo.
Siguiendo los lineamientos liberales del romanticismo, Echeverría utiliza diversas métricas en sus versos, con predominio del octosílabo y el hexasílabo, tomados básicamente de la poesía popular.
España experimentó una gran ola de italianismo que invadió la literatura y las artes plásticas durante el siglo XVI y que es uno de los rasgos de identidad del Renacimiento: Garcilaso de la Vega, Juan Boscán y Diego Hurtado de Mendoza introdujeron el verso endecasílabo italiano y el estrofismo y los temas del Petrarquismo; Boscán escribió el manifiesto de la nueva escuela en la Epístola a la duquesa de Soma y tradujo El cortesano de Baltasar de Castiglione en perfecta prosa castellana; contra estos se levantaron nacionalistas como Cristóbal de Castillejo o Fray Ambrosio Montesino, partidarios del octosílabo y de las coplas castellanas, pero igualmente renacentistas.
Parra aquí utiliza versos en octosílabo, como representantes de la poesía popular, del mismo modo que utilizará el endecasílabo en su trabajo siguiente, Versos de salón (1962), como representante de la voz ágil y descontrolada de la burguesía moderna.
Entre las del siglo XX, si se deja aparte la incompleta y libérrima de Alfonso Reyes, pueden destacarse la fiel y rigurosa de Luis Segalá (Barcelona, 1908; revisada en Obras completas en Barcelona: Montaner y Simón, 1927), muy reimpresa; la de Alejandro Bon, en prosa (Barcelona: Ediciones Populares Iberia, 1932); la José María Aguado (Madrid, 1935), que imita la épica medieval castellana en verso octosílabo y rima asonante (romance); las más recientes de Daniel Ruiz Bueno (Madrid, Hernando, 1956) en prosa rítmica; Fernando Gutiérrez, en hexámetros castellanos (Barcelona, José Janés, 1953); Francisco Sanz Franco (Barcelona: Ediciones Avesta, 1971); Antonio López Eire (1989) y Emilio Crespo (Madrid: Biblioteca básica Gredos, 2000).