ochavo

(redireccionado de ochavos)
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ochavo

(Del lat. octavus.)
1. s. m. HISTORIA Moneda de cobre con peso de un octavo de onza y valor de dos maravedís.
2. Edificio o lugar con forma ochavada.
3. Cosa insignificante o de poco valor. nadería
4. ZOOLOGÍA Pez caproido, de cuerpo ovalado y comprimido y hocico parecido al de los cerdos, que se pesca a lo largo del litoral de la península Ibérica.
5. no tener un ochavo No tener dinero no tengo un ochavo para ir al cine. no tener un chavo
NOTA: Nombre científico: (Capros afer.)

ochavo

 
m. Antigua moneda de cobre del s. XVII equivalente a dos maravedís.
Edificio o lugar de figura ochavada.
fig.Cosa insignificante, de poco o ningún valor.
zool. Pez osteíctio del orden zeiformes (Capros aper), de cabeza larga, boca protráctil y cuerpo de forma oval, comprimido lateralmente.
Sinónimos

ochavo


no importar un ochavo locución no importar un ardite, no importar un bledo*, no importar un comino, no importar un pito, no importar un huevo (malsonante).
Traducciones

ochavo

SMochavo
no tener ni un ochavoto be broke
Ejemplos ?
Y Zalamero se enternece de veras y suspira porque ha hablado con el corazón. En el fondo es cómo el aguador que junta ochavos y suena con la terriña.
-Porque no podía ser, por dos motivos: porque yo no podía seguir de aquella manera, porque yo no he nacío pa zángano ni pa vivir a costa de mi mujer y porque mi tío, cuando me mandó llamar, lo hizo porque tenía medio cuerpo muerto y no tenía a naide más que a mí que velara por sus cuatro ochavos...
-Güeno -dijo éste con voz más firme tras un breve silencio-, lo cierto es que a mi compadre al ver aquello se le ablandaron las entrañas y encomenzó a decir que aquello era un contra Dios y que yo estaba pidiendo a voces un grillete, y, camará, nunca lo hubiera dicho; al oírlo mi María se revolvió contra él como una fiera diciéndole que yo era más güeno que San Juan Evangelista, y que sí yo me había gastáo los cuatro ochavos que tenía...
¡y ni uno ha de quedar vivo! - ¡Pido que se haga cuartos al boticario! - ¡Se le hará ochavos, si queréis! Un afrancesado es más odioso que un francés.
Y el viejo de los espejuelos, siempre evangélico, añadió: —Todos somos unos pobres. Y otro murmuró a modo de sentencia: —Aquí sólo pueden ganarse ochavos, pero pueden en cambio perderse millones.
Y, habiéndosela ya dado secretamente, veis aquí do vuelve el estudiante trasudando y turbado de muerte; y, viendo a Cortado, le dijo si acaso había visto una bolsa de tales y tales señas, que, con quince escudos de oro en oro y con tres reales de a dos y tantos maravedís en cuartos y en ochavos, le faltaba, y que le dijese si la había tomado en el entretanto que con él había andado comprando.
Hay quien se muere de repente al saber que le ha tocado la lotería y quien de hombre de bien se convierte en un mal sujeto, porque heredó cuatro ochavos y después de malgastarlos no quiere doblar la raspa.
-Si yo estoy enterao de toíto; si yo sé que usté no quiere a ese gachó; si yo sé que lo que pasa es que ese mal ángel le tiée puesto el pie encima al señor Francisco, que le emprestó cuatro ochavos, y que el plazo está cumplió, y que el día que quiera ese mal arate se come la finca hipotecá, y como usté es güena y usté quiere a su bato corno lo debe querer, pos velay usté, por no verle pasar fatigas, está usté dispuesta a pasar por la ruea de las navajas.
-Sí, amigo mío, sí, le respondió su avaro amo; sí, tú me has servido bien y te se pagará bien. En seguida sacó tres ochavos de su bolsillo y se los dio uno a uno: -Te doy un ochavo por cada año.
Pie pequeño vale todo aquello que se ahorra de gasto en el zapatero; si fuera mayor, mandamos que en las pelindrosas de nueve puntos, se llame para hembra. Bajos de seda con ligas de oro valen seis maravedís, de lana dos reales, y si son de paño, un real en ochavos.
Parece que cuando el tunante ese volvió a pedir dinero, el suegro levantó la azada y se la enseñó, gruñendo: «Ahí tienes lo que te puedo dar: agarra ésta y suda como yo sudo, y comerás y lograrás remediarte.» Y el yerno, echando mano al bolsillo y empuñando una faca y abriéndola, contestó asimismo: «Pues en pago de eso que me das, te daré yo esto en las tripas; tan cierto como que se ha muerto mi padre. Suda y revienta y junta ochavos, que el día que estés más descuidado..., con esto te encuentras.
En primer lugar, pasa una la pena negra con tantas boquitas como tiene que tapar, porque los señores hombres le dejan a una una miseria, creyendo sin duda que una tiene la virtud de hacer milagros y puede convertir los ochavos en onzas de oro, y no sale una de una ración de hambre y otra de necesidad, pues en esta pícara tierra no tiene la mujer dónde ganar un cuarto, porque ni hay fábricas, ni comercio, ni nada.