ocaso

(redireccionado de ocasos)
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ocaso

(Del lat. occasus.)
1. s. m. Puesta del Sol o de otro astro al ocultarse tras el horizonte le gusta contemplar el ocaso del Sol desde la ventana. amanecer
2. Oeste, punto cardinal. occidente
3. Proceso de declinación o pérdida de la plenitud física o de la capacidad de una persona está en el ocaso de su carrera. decadencia, declive

ocaso

 
m. astron. Puesta del Sol o de otro astro por el horizonte.
geog. Occidente (punto cardinal).
fig.Decadencia, declinación.

ocaso

(o'kaso)
sustantivo masculino
1. puesta de un astro en el horizonte, sobre todo la del sol El ocaso en el mar es muy hermoso.
2. decadencia, pérdida de importancia o fuerza de algo Es el ocaso de su hermosura.
Traducciones

ocaso

Sunset

ocaso

غروب الشمس

ocaso

Залез

ocaso

日落

ocaso

日落

ocaso

Západ slunce

ocaso

일몰

ocaso

SM
1. (Astron) [del sol] → sunset, sundown (EEUU); [de astro] → setting
2. [de civilización] → decline
en el ocaso de su vidain his declining years, in the twilight of his life (liter)
3. (Geog) → west
Ejemplos ?
He plasmado en mis tierras, el fulgor de su risa y mi cuerpo ha florecido en armonía trigal. Hoy vivo enamorado de una flama que la vehemencia de mi afán persigue y la diluye entre la euforia triste de mis ocasos áureos.
No importa que trascienda para siempre, sin tornar a mis anhelos de camino, porque sé que sembraré las huellas de mi andanza sin ocasos ni fronteras en la agotada informidad de sus arenas...
la que esto al verme con los ojos repetía; la que, sentado a la mesa del festín real, con vana inquietud aguardo, esa es en mi libro Damiana; La que con noble pergeño, suele flüida vagar como un fantasma lunar por la zona de mi ensueño; la que fulge en los ocasos, que son nobleza del día, la que en la melancolía de mi alcoba finge pasos, la que, puesto a la ventana, con un afán que no cesa aguardo hace un siglo, esa es en mi libro Damiana.
Del África en los Desiertos Viviré, para que vea Mis llamas en los ardores, Tus crueldades en las fieras. Esto dijo, y con desmayos Se esconden, se desalientan Ya sus luces en ocasos, Ya sus rosas en violetas.
(bis) Bajo la gloria de un sol de fuego, bebiendo brisa, gustando sal, todo lo grande, todo lo bello me va enseñando la inmensidad. De oros brillantes, de azul de cielo de ocasos rojos torna el singlar, el gallardete de mi crucero sus tres colores de libertad.
Pero si admitimos, dicen, aquellos circuitos y rodeos con que (o permaneciendo el mundo o mezclando con los propios circuitos sus volubles nacimientos y ocasos) se vuelven a hacer las mismas cosas temporales, ni atribuiremos a Dios el ocio vergonzoso de una tan larga duración sin principio, ni la impróvida temeridad de sus obras; porque si no se repiten y vuelve a hacer las mismas, no puede ninguna ciencia o presciencia suya comprender la infinidad de ellas variadas con tanta diversidad.
El caso y la fatalidad son las disculpas de la indiscreción y la flaqueza. El hombre animoso hace salir a luz los ocasos para utilizarlos, y sus enemigos son los que se rinden al yugo de la fatalidad.
Vive con dignidad bajo el sol. Vuélvete a las auroras y salúdalas; vuélvete a los ocasos y salúdalos también. En tu roca no deben crearse musgos raquíticos; ni yerbas venenosas, ni cactus enconados.
Tres veces las heladas Ursas, tres veces del cangrejo los brazos ve, 625 muchas veces para los ocasos, muchas veces es arrebatado a los ortos, y ya cayendo el día, temiendo confiarse a la noche, se posó, reinos de Atlas, en el Vespertino círculo, y un exiguo descanso busca mientras el Lucero los fuegos convoque de la Aurora, y la Aurora los carros diurnos.
En su ánimo mide los dos, y, ora, los que su hado alcanzar no es, delante mira los ocasos; a las veces detrás mira los ortos, 190 y, de qué hacer ignorante, pasmado está, y ni los frenos suelta ni para retenerlos es fuerte, ni los nombres conoce de los caballos.
Acabóse el buen humor que arcenara, en jocunda guardilla tornasol, la fraternal efusión de los almuerzos soleados y las florecidas cenas retardadas: pues, aun cuando el apetito por las buenas viandas arreciaba con fuerza mayor en el señor Lorena, a raíz de su sétima caída romántica, quijarudo Pierrot punteaba ahora en su alma herida, ahora que los días y las noches le aporreaban con ocasos moscardados de recuerdos, y lunas amarillas de saudad.
Saca LIDORO a LAURA y danzan con el mismo orden LIDORO: Luces que ignoran ocasos en sus gloriosos empleos, sin que puedan ser acasos, ser estudian sus paseos de mi libertad los lazos.