Ejemplos ?
En el fondo era una medianía; su talento, su instinto, que tanto admiraban los madrileños, eran vulgares; el perro Paco tenía la poca dignidad de hacer valer aquellas habilidades que otros canes ocultaban por pudor, por dignidad, por no merecer la aclamación humillante de los hombres, que se asombraban de que un perro tuviera sentido común.
Más quiero merecer ser tu mujer, que serlo; mejor es dejar de ser mujer con la muerte, que ser mujer y no merecer serlo con la vida.
Blas, hacerse de un barco y dejarnos sumergidos en el desórden causado por V. Y ¿qué motivo ha dando Allende para no merecer estas confianzas' No puedo ménos que agriarme demasiado, cuando me dice V.
Éstos son generalmente los que, temerosos de perder el bien, que conocen no merecer, preconizan la constancia, la erigen en virtud, y hacen con ella el tormento de una vida que deben llenar la variedad y la sucesión de sensaciones tan vivas como diferentes.
llegase el caso, que no se espera, de no merecer aprobación este tratado, será obligado el señor jeneral del ejército de Chile a esperar la con testación de esta noticia, que ha de comunicar al del nacional, quiein deberá darla al cuarto de hora de recibida.
Responded, ¿qué causa os di? Mas ¿qué causa puede haber mayor que no merecer el bien que se fue de mí? Sol fui de algún cielo ingrato, si acaso hay ingrato cielo; fuego fue, volvióse hielo; sol fui, luna me retrato, mi menguante fue su trato, mas si la deidad mayor está en mí, que es el amor, y éste no puede menguar, difícil será alcanzar lo que intenta su rigor.
Si su soltería ha sido razonada, si es un voto de independencia, ni los hombres ni las madres les perdonan el haber desmentido la abnegación de la mujer rehuyendo las pasiones que dan tanto atractivo a su sexo: renunciar a sus dolores es abdicar la poesía que hay en ellos, y no merecer ya los dulces consuelos a que una madre tiene siempre derecho indiscutible.
Se dice que Miguel Ángel pintó su cara en la piel despellejada del mártir como signo de que él creía no merecer el Cielo, pues estaba atormentado.
Entre los funcionarios separados de su cargo por orden del gobernador estuvo el Decano del Superior Tribunal de Justicia, Miguel Mariano de Villegas, por no merecer la confianza del gobierno.
En esta misma estancia, el 1º de diciembre de 1838, fue desterrado el doctor Miguel Mariano de Villegas que hasta entonces fuera el decano del Superior Tribunal de Justicia, separado del cargo por el gobernador bonaerense Juan Manuel de Rosas que también era representante de la Confederación Argentina con «Facultades Extraordinarias», por no merecer su confianza al haber dado un voto en contra de su indicación.
Según la tradición, se dice que Miguel Ángel pintó su cara en la piel despellejada del mártir como signo de que él creía no merecer el Cielo, pues estaba atormentado.