nietos

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Ejemplos ?
Al poco rato se presentaron los hijos y los nietos; todos sabían muy bien que eran las bodas de oro; ya los habían felicitado, pero los viejos se habían olvidado, mientras se acordaban muy bien de lo ocurrido tantos años antes.
«Son nuestros nietos a quienes acompañamos; su madre, su padre, han muerto; por tanto, nos siguen por todas partes adonde nos conviene permitírselo, pues sacar los animales de las mandíbulas es nuestro oficio», diréis vosotros.
Cada uno ve las cosas a su modo. -Nuestros hijos y nietos tal vez habrán muerto antes de que vuelva a aparecer -decía la gente. La mayoría de los que lo dijeron habían muerto, en efecto, cuando apareció de nuevo.
Los dos tenían rojas las caras, y el más pequeño de sus nietos bailaba a su alrededor, gritando, alegre, que habría cena de fiesta: comerían patatas calientes.
49 Oh el más diserto de los de Rómulo nietos, cuantos son y cuantos fueron, Marco Tulio, y cuantos después en otros años serán, gracias a ti máximas Catulo te da, el peor poeta de todos, tanto el peor poeta de todos, cuanto tú el mejor patrono de todos.
58 Celio, la Lesbia nuestra, la Lesbia aquella, aquella Lesbia que Catulo sola más que a sí y a los suyos amó todos, ahora, en los cruces y las callejas, desbulla a los magnánimos, de Remo nietos.
375 No a ella su nodriza, al aparecer la luz, volviéndola a ver, de la víspera el hilo a su cuello podrá circundar, 377 ni ansiosa la madre, afligida porque su discorde niña 379 duerme aparte, caros nietos cesará de esperar.
TOTLI, uno de ellos, que tenía la forma de un gavilán, comenzó a estar a disgusto con esa vida sin propósitos y al pensar que habían sido arrojados del cielo, quiso exigir a su abuela, TONACACIHUATL, los derechos que le correspondían como nietos de los grandes creadores, mas como nada lograba, cambió de opinión, y decidiendo permanecer en la Tierra, pidió de su abuela el poder de crear nuevos hombres y el de saber cómo educarlos.
Exceda los hechos y los años del divino Augusto; pero hagan de modo que el tiempo que fuere mortal no vea en su casa cosa mortal, y que con larga fe apruebe a su hijo para gobernador del Imperio romano, teniéndole antes por compañero que por sucesor. Sea muy tardío, y en tiempo de nuestros nietos, el día en que su gente le celebre en el cielo.
¿Son vuestros hijos, esos que os acompañan?” “No, oh Tú, jefe. Éstos son nuestros nietos, pero ¿comprendes? tenemos piedad de sus rostros, les damos y partimos la mitad ”, respondieron la abuela, el abuelo.
Por eso, todo esto no ha sido tampoco fácil, porque pareciera que contado así como lo cuento yo, es un cuentito que la abuela le cuenta a los nietos antes de dormirse.
Finalmente, para no contar todos sus llantos, perdió yernos, hijos y nietos; y ninguno de los mortales, mientras vivió entre los hombres, conoció más el serlo que él.