Ejemplos ?
La señora Margarita volvió a mirar el mar, que recibía y se tragaba la lluvia con la naturalidad conque un animal se traga a otro.
El transatlántico había doblado el codo de las boyas, su penacho de humo se inmovilizaba en el espacio, y una tristeza tremenda le aplanaba sobre el sillón, mientras que el árabe, con una naturalidad terrorífica, proseguía: -Y usted quiere morir porque la ama y la odia.
Pero tiene usted en el poema escrcnas descripti- vas que habrían ganado no poco en soltura y naturalidad, em- pleando el octosílabo.
Absoluta, irremediable, definitiva era, desde luego, la emancipación con respecto a los pueblos extraños o extranjeros, pero sólo de hecho y condicionado a la exigencia de que se concordara en aquel libre voto, con relación a los demás pueblos hermanos de América, a quienes sin cálculo ulterior, con naturalidad y calma se aguardaba la “continuación” que diría gozoso nuestro Artigas .
"El camino que algunas semanas antes habían abierto sus salvajes hermanos estaba borrado. Sin embargo, Bokapi se orientaba en la selva con naturalidad asombrosa.
Hablar de naturalidad a Stendhal era ponerle en el disparadero. Pronto se anudó un comercio de amistad entre Beyle y la condesa de Montijo — refiere un biógrafo del sin par novelista.
A Caviedes lo salvarán de hundirse en el osario de las vulgaridades, la sencillez y naturalidad de sus verbos, y la ninguna pretensión de sentar plaza de sabio.
Parece, á primera vista, que el poeta se hubiera propuesto escribir con pies forzados, y sacrificar la idea á la robustez y gracia del consonante; i ero esta presunción queda destruida ante la soltura y facilidad de los versos. Esas rimas difíciles han brotado, i or entre los puntos de la pluma, con la naturalidad del arroyo.
Su lectura es divertida, y el dialecto, hábilmente manejado, presta a los relatos una gran naturalidad, que contiene un cierto sabor a veces terrorífico.
Hay rasgos cómicos admirables, y entre ellos citaremos la escena de Manzano con don Lope, en que, apurado aquél por las preguntas rápidas de éste, concluye con decirle: Es de un efecto asombroso la escena del caballero y doña Ana en el cuarto acto, y perfectamente dialogada: la naturalidad y viveza con que la han representado la señora Antera Baus y Luna ha contribuido no poco a darle singular realce.
Me admiraba la perfecta naturalidad de sus respuestas; y su aire de bondad, que, sin embargo, no estaba exento de malicia, me recordó, a mi pesar, a la Venus de mi anfitrión.
Pero ella lo hizo todo con tanta calma, con tanta naturalidad, con tan evidente gesto de perfecta educación, que no se la podía acusar de ningún descaro, y mis únicos sentimientos fueron de admiración.