muy


También se encuentra en: Sinónimos.

muy

(Del ant. muito < lat. multus, mucho.)
1. adv. En gran medida, mucho es muy antipático; el muy sinvergüenza se fue sin avisar.
2. achatar la muy Callar, guardar silencio.
3. ser muy de Tener la tendencia o afición señalada es muy de salir.

muy

 
adv. Denota grado sumo o superlativo de significación. Apócope de mucho.

muy

('muj)
adverbio
adverbio que intensifica una cualidad muy inteligente
Traducciones

muy

gaire, molt

muy

sehr, arg, hoch, längst, nochall

muy

tre

muy

mjög

muy

velmi

muy

meget

muy

erittäin

muy

vrlo

muy

非常に

muy

대단히

muy

erg

muy

mycket

muy

อย่างมาก

muy

çok

muy

rất

muy

muy

adv. very.
Ejemplos ?
(preguntó Ramón.) ¿Sabes? --Poca, muy poca....--Ya recordarás la que nos enseñaron en el colegio. --¡Poco es, o, mejor dicho, nada!
Era el obispo de Auriabella -que poco después falleció y ya estaba bastante enfermo del corazón- un señor bondadoso, lleno de unción y de dulzura, de esos que todo lo gastan en caridades; un verdadero pastor, humilde con dignidad, y alegre y chancero de puro limpia que tenía la conciencia; pero al venir a Illaos bajo la impresión de un hecho tan solemne, se encontraba muy conmovido; traía los ojos humedecidos, la respiración cortada y fatigosa, y aún parece que le estoy viendo en el momento en que, al divisar la choza de Juan del Aguardiente, saltó aprisa del caballejo que le habíamos proporcionado, se descubrió y se inclinó hasta el suelo ante los padres del confesor de Jesucristo...
Tranquilízate... Así como así, estábamos muy solos, muy aburridos a veces en esta casa tan grandona. Yo tenía muchas, muchas ganas de un chiquillo, ¿sabes?
Sin embargo, en los casinos, boticas y demás círculos, digámoslo así, de Vilamorta y Cebre, como también en los atrios y sacristías de las parroquiales, se hubo de convenir en que Gondelle cazaba muy largo, y en que a Inesiña le había caído el premio mayor.
A todo esto, a fuerza de ruegos, y como pago de haber dicho que no serían ahorcados y que llevarían una vejez muy tranquila, había yo conseguido que por las tardes me sacasen de la cueva y me atasen a un árbol, pues en mi encierro me ahogaba de calor.
¡No lo haréis! (exclamó el fraile.) ¡Haríais muy mal, señor Rubens! Llevaos el cuadro si queréis; pero dejad tranquilo al que descansa.
-preguntaron a Rubens sus discípulos, que ya habían alcanzado el cuadro. - En este ángulo ha habido un nombre escrito (respondió el maestro); pero hace muy pocos meses que ha sido borrado.
Aquella noche, Ridolfi, uno de los capitanes de Orso, había anunciado mejor presa: justamente acababa de cazar a una joven muy linda, ¡peor para ella si andaba a tales horas por la calle!
En el testero, como a una vara de altura, se levantaba un tabladillo, y sobre él un Nacimiento, el Belén clásico español, con su musgo en las praderías, sus pedazos de vidrio y de hojalata imitando lagos y riachuelos, sus selvas de rama de romero, sus torres puntiagudas de cartón, sus pastorcicos de barro, sus dromedarios amarillos y sus Magos con manto de bermellón, muy parecidos a reyes de baraja.
No era verdad; el vecindario de aquel pobre barrio extramuros sabía que la bruja de la voz carrascuda, aun cuando tuviese el cuerpo muy lastrado de líquido, no se metía en realidad con nadie; pero andaba siempre alabándose de abofetear al uno y de destripar al otro.
Como esperábamos, los facciosos nos atacaron al siguiente día. La acción fué muy sangrienta, y duró desde las tres de la tarde hasta el anochecer.
- Pero ya lo conozco. - ¡Cómo! - Es muy sencillo. Lo he buscado; lo he visto; traigo las señas, y pido mi ganancia. - ¿Estás seguro de que lo has visto?