Ejemplos ?
Vibra y se agita una voluntad perversa en nuestra patria, antítesis regresiva de nuestro devenir histórico, morbo que amenaza con la destrucción y el odio, y que aconseja sin embozo ser cautos como palomas y astutos como serpientes para asaltar el Poder en el momento más propicio, y sacia sus resentimientos y venganzas conforme a sus premeditadas listas negras; porque, torpes manoseadores de los fundamentos de la Revolución y de las reivindicaciones proletarias, que no entendieron ni sintieron, atribuyen a los llamados líderes, lo que no es sino la expresión de las angustias colectivas, lo que no es, sino la expresión de las contradicciones económicas de la sociedad actual, lo que no es, sino la expresión de un momento de la Historia.
Estos dos versecitos han hecho más víctimas que el cólera morbo; porque nosotros los pícaros hombres, a fuerza de oírlos repetir, nos imaginamos que ha de ser verdad evangélica aquello de que el bien ajeno es manjar apetitoso y del que podemos darnos un atracón sin necesidad de pagar bula.
Tengamos conciencia de ello para entender lo que se nos sucede y no añadir a la presiones y tensiones de fuera las cargas internas de la impaciencia y la inculpación, que nada remedian e incitan a quienes se alimentan del morbo, la provocación y la insidia, a graznar y revolotear, en vano intento por ensombrecer nuestro horizonte.
Suele suceder, entonces, que el derecho a la información y la libertad de expresarlo, deriven en desconcierto, cuando se deforma la realidad con la exageración, se aturde con el escándalo, se azora con sensacionalismo, se provoca con el morbo, se vende el temor como noticia; se extorsiona con el chantaje, se afama por difamar, se prestigia por desprestigiar, se calla para cobrar, se miente para argumentar y se calumnia para vivir.
Los pueblos, aterrorizados con el olor de la pólvora y el tufillo de la sangre, como en tiempos de cólera morbo, no pensaban en el mañana, si no era para prepararse a bien morir.
Qué remolino de espejos en la mente excitada por memorias cínicas que palpitan de pasión y envidia, morbo insolente de no ser tú en mí por ti mi cuerpo víctima.
Apenas podían creer lo que veían. Entre el morbo y la lástima; el asco y el miedo, lo contemplaban con una triste sensación de encanto.
Entonces fue cuando, venciendo timideces aparentes, se lanzaron hacia él, el último poderoso de una raza en extinción, debilitada por el morbo y la molicie.
Los cascos bandálicos fueron dejando en cada pisada el morbo de su conducta repulsiva y detractora: tras de la soldadesca se erguían nada más que casas esqueletizadas, sin techos, ventanas ni puertas, que daban la impresión yerma de nichos vacíos, donde dormían cadáveres de recuerdos de otrora.
Así las de la Prensa oficialista, como las de la oposición y aun la profesional, a las que se sumaron las de los pasquines; las de los libros de fortuna que explotaban el morbo.
La ciencia nada hallaba que el germen revelase de profilaxis, base de morbo de mi ser; mas fueron de ilusiones años diez y ocho: un día el áspid mis pulmones mordió y me hizo toser.
-¡Partís de un error! El cólera morbo existía ya en tiempo de los Faraones... Cuando yo haga el grado de licenciado, escribiré una Memoria...