meterse en


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De repente se abrieron las espuertas del cielo y cayó un verdadero diluvio. El escarabajo despertó con el ruido y quiso meterse en la tierra, pero no había modo.
Se despidieron en la estación, en la cual nadie las esperaba, con estrechos abrazos y letanías de promesas. Romana, al meterse en un coche, se sintió oprimida, como si le faltase de golpe aire blando y regenerador.
No se da con el Tuerto por advertido del suceso que acaba de ocurrir y del que se ha enterado perfectamente, pues no le gusta meterse en lo que no le importa; pero el irascible marido, que necesita dar salida al veneno que aún le queda en el cuerpo, llama a su vecino, y de balcón a balcón entablan este diálogo a grandes voces: -Tío Tremontorio, yo no puedo con esta bribona, y voy a hacer un día una barbaridá.
Media docena de esos hombres de buen gusto, que a todo van a un baile más que a bailar, se hicieron las siguientes reflexiones: «Que la pasión de la danza tiene hondas raíces en la buena sociedad de este pueblo, es innegable: nosotros la hemos visto bailar sobre el húmedo retoño de las praderas, entre las coles y cebollinos de las huertas, sobre los guijarros de la Alameda y sobre los adoquines del Muelle; derretirse los sesos bajo un sol africano a las cuatro de la tarde, por llegar a las cinco a la romería y bailar en ella hasta las siete; volver después, al crepúsculo, medio a tientas, por callejas y senderos, y aliquando meterse en barro hasta las corvas...
La juremos yo y el letrado hijo mío, y por eso me costó el libro real y medio, que el monecipio no quiso comprarle ni meterse en juramentos de ninguna clase...
Sola está una por lo regular... Sin meterse en más advertencias, el sobrino requirió capa y gorra, y salió, al paso elástico de los que van hacia su deseo.
Para ello tienen que meterse en un río que llega hasta la casa o entra en el patio.» A continuación se desarrolla el sueño principal, que comienza en la siguiente forma: «La sujeto baja desde un elevado lugar, avanzando por una singular pasarela y se regocija de que sus vestidos no queden enganchados en ningún sitio…» El sueño preliminar se refiere a la casa paterna de la sujeto.
Los chiquillos, entonces, se apretaban alrededor del gran atril, se subían al entarimado del chantre, abrían el misal; y otros, de puntillas iban a meterse en el confesonario.
Ya lo alegará en la delegación. La mujer lo miró con furia, con voracidad y re exclamó: - ¡Desgraciado! Meterse en lo que no le importa.
Mirá debajo de qué guarda y amparo quedamos, sino en la de tres pajes, que harto tienen ellos que hacer en rascarse la sarna de que están llenos que en meterse en dibujos; a lo menos, de mí sé decir que no tendré ánimo para esperar el suceso y ruina que a esta casa amenaza.
Y se empujaban impacientes, como si se tratase de salvarse de naufragio o incendio, porque el de la mala pata podía tener la ocurrencia de meterse en la misma embarcación...
Acabarán por convencerse de que no soy una ladrona.» De pronto recordó que guardaba en el cesto de la ropa blanca algunas golosinas: fiel a sus costumbres de colegiala, solía meterse en el bolsillo, cuando estaba comiendo, algún pastelillo, algún melocotón, y llevárselos a su cuarto.