Ejemplos ?
Estaba yo diciendo, este no es sueño, Que el sueño es cosa vana y mentirosa: Incierto es su placer, siempre es pequeño, Y en él no hay cosa tal, ni tan sabrosa: Tambien por otra parte, si no sueño, ¿Cómo está ahora Fili tan piadosa?
Búscase en vano firmeza en bien del mundo lisonjero, y el que en la voluntad de un nombre humano libra sus dichas, ha de estar primero apercebido para la mudanza, que del favor admita la esperanza. Ayer, ya vos sabéis por qué camino, hallé fácil al cielo la subida ¡Mentirosa amistad de mi destino!
Por fin, y esto parece quitar toda esperanza de remedio, sus doctrinas les han pervertido el alma de tal suerte, que desprecian toda autoridad y no soportan corrección alguna; y atrincherándose en una conciencia mentirosa, nada omiten para que se atribuya a celo sincero de la verdad lo que sólo es obra de la tenacidad y del orgullo.
23 Y seráles como adivinación mentirosa en sus ojos, por estar juramentados con juramento á ellos: mas él trae á la memoria la maldad, para prenderlos.
¿Qué me importa, el infeliz decía, tarda opulencia y mentirosa prez, si la mitad de la existencia mía nunca con ella dividir podré?
Ciertamente preparáis respuesta mentirosa y perversa que decir delante de mí, entre tanto que se muda el tiempo: por tanto, decidme el sueño, para que yo entienda que me podéis mostrar su declaración.
11 El necio da suelta á todo su espíritu; Mas el sabio al fin le sosiega. 12 Del señor que escucha la palabra mentirosa, Todos sus ministros son impíos.
—Perdóneme... le prometo que no vuelvo a hacer lo que usted piensa... aunque no lo haya hecho... —¡Y me dices mentirosa! ¡Es el colmo! ¡Basta!
Empezó el alcalde por interrogar a la Virgen si era verdad lo que aquella mujer declaraba. La Virgen se mantuvo seria como si la cosa no fuera con ella. -¡Ya lo ves, mentirosa! -dijo el juez dirigiéndose a la encausada.
¡Nu'hay tales brujas! ¡Esas son bobadas de la negra Frutos! ¡No creás nada! -¡Mentirosa! ¡Mentirosa! -le grité furioso- ¡Sí hay! ¡Sí hay!
Su orgullo era lo bastante fuerte para imponer silencio hasta a los latidos de su corazón y para extender sobre su rostro el velo de insensibilidad mentirosa a través del cual miraba, desde la silla en que estaba sentado ante ella, a lo lejos, muy a lo lejos.
Así, pues, opinan éstos que la amenaza del juicio de Dios no es falaz, aunque a ninguno haya de condenar, como no podemos decir que fue mentirosa su amenaza cuando dijo que había de destruir a Nínive, y, sin embargo, no tuvo efecto lo que anunció que haría incondicionalmente.