medusa


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medusa

(Del gr. Medusa, nombre de una de las tres Gorgonas a la que se representa con abundante cabellera.)
s. f. ZOOLOGÍA Forma libre de muchos animales celentéreos, constituida por un cuerpo semejante a una sombrilla en cuyos bordes lleva unos filamentos o tentáculos urticantes.

medusa

 
f. zool. Tipo de organización de los cnidarios (hidrozoos y escifozoos) constituido por individuos libres y pelágicos que se reproducen sexualmente. El cuerpo de las medusas consta de umbrela y manubrio.

Medusa (Médusa)

 
mit. Una de las tres Gorgonas, la más temida. De extraordinaria belleza, tenía una magnífica cabellera.

medusa

(me'ðusa)
sustantivo femenino
animal marino de cuerpo gelatinoso con forma de campana de la que cuelgan diversos tentáculos Con el viento cálido las medusas se aproximan a la playa.
Sinónimos

medusa

sustantivo femenino
Traducciones

medusa

jellyfish, jelly‐fish, Medusa

medusa

Qualle

medusa

méduse

medusa

medusa

medusa

medúza

medusa

vandmand

medusa

meduusa

medusa

meduza

medusa

クラゲ

medusa

해파리

medusa

kwal

medusa

manet

medusa

meduza

medusa

manet

medusa

แมงกะพรุน

medusa

con sứa

medusa

水母

medusa

Медуза

medusa

SFjellyfish

medusa

f jellyfish
Ejemplos ?
10 A la cual, a las altísimas auras después que el rodopeio bastante hubo llorado, el vate, para no dejar de intentar también las sombras, a la Estige osó descender por la puerta del Ténaro, y a través de los leves pueblos y de los espectros que cumplieran con el sepulcro, a Perséfone acude y al que los inamenos reinos posee, 15 de las sombras el señor, y pulsados al son de sus cantos los nervios, así dice: “Oh divinidades del mundo puesto bajo el cosmos, al que volvemos a caer cuanto mortal somos creados, si me es lícito, y, dejando los rodeos de una falsa boca, la verdad decir dejáis, no aquí para ver los opacos 20 Tártaros he descendido, ni para encadenar las triples gargantas, vellosas de culebras, del monstruo de Medusa.
Que él, aun así, de la horrenda Medusa la figura había contemplado en el bronce repercutido del escudo que su izquierda llevaba, y mientras un grave sueño a sus culebras y a ella misma ocupaba le arrancó la cabeza de su cuello, y que, por sus plumas fugaz, 785 Pégaso, y su hermano, de la sangre de su madre nacidos fueron.
Los simulacros ve en diversas posturas, y reconoce a los suyos, y por su nombre cada uno llamado, le reclama ayuda y, creyéndolo poco, los cuerpos a sí próximos toca: mármol eran; se aparta y así suplicante sus confesas manos y oblicuos sus brazos tendiéndole: 215 “Vences”, dice, “Perseo. Aparta tus prodigios, y el petrificador rostro quita de quien quiera que ella sea, tu Medusa: quítalo.
A ti, aun así, oh de la pequeña Serifos regidor, Polidectes, ni de este joven la virtud, a través de tantas pruebas contemplada, ni sus desgracias te habían ablandado, sino que un inexorable odio, duro de ti, ejerces y un final en tu injusta ira no hay. 245 Detractas incluso su gloria y fingida de Medusa arguyes que es la muerte.
Hasta aquí a su hermano, nacido del oro, como acompañante 250 la Tritonia se ofreció; después, circundada de una cóncava nube, Serifon abandonó, a diestra Citnos y Gíaros dejados, y por donde sobre el ponto el camino parecía el más breve, a Tebas y el virgíneo Helicón acude; monte que, cuando alcanzó, en él se apostó y así se dirigió a sus doctas hermanas: 255 “La fama de un nuevo manantial ha arribado hasta nuestros oídos, el que la dura pezuña del alado hijo de Medusa ha quebrado.
Torna contra él su arpón, contemplado en la muerte de Medusa, el Acrisioníada, y lo entra en su pecho; mas él, 70 ya muriendo, con ojos que nadaban bajo una noche negra alrededor buscó a Atis, y se inclinó hacia él, y se llevó a los manes los consuelos de su unida muerte.
Te han permitido ver las formas extrañas y trágicas de la Vida como se ven las sombras en un cristal. La cabeza de Medusa, que petrifica a los hombres, a ti se te ha dado mirarla en espejo solamente.
Cantad, cantad como carillones de oro que estremece la brisa de Primavera; decid los cantos nuevos, las nuevas palabras reveladoras; marchad de espaldas a la sombra, en armonioso grupo, unánimes, como los efebos dionisíacos de las metopas, como las canéforas de los bajos relieves, o las vírgenes de rostros magnolinos en la procesión de las Grandes Panateneas; y, como la divinidad helénica, cortadle a la trágica Medusa del Odio la cabeza horripilante y clavadla en el bronce argentino de vuestros escudos.
“Te daremos a ti prendas de la verdad. Salvad vuestras luces”, Perseo dice, y la cara del rey con la cara de Medusa pedernal sin sangre hizo.
También a Penfredo de bello peplo, a Enío de peplo azafranado y a las Gorgonas que viven al otro lado del ilustre Océano, en el confín del mundo hacia la noche, donde las Hespérides de aguda voz: Esteno, Euríale y la Medusa desventurada; ésta era mortal y las otras inmortales y exentas de vejez las dos.
Él sus manos vencedoras agua cogiendo lustra, 740 y con la dura arena para no dañar la serpentífera cabeza, mulle la tierra con hojas y, nacidas bajo la superficie, unas ramas tiende, y les impone de la Forcínide Medusa la cabeza.
Por el arco vacío entra un aire mental que sopla con insistencia sobre las cabezas de los muertos, en busca de nuevos paisajes y acentos ignorados: un aire con olor de saliva de niño, de hierba machacada y velo de medusa que anuncia el constante bautizo de las cosas recién creadas.