Ejemplos ?
West, estamos perdiéndonos una música encantadora," fue su única réplica a esto, y volviéndose hacia el teléfono, con un toque de su dedo puso la melodía a mecerse al ritmo de un adagio.
Yo sentía lo que debe sentir el encantador de serpientes cuando incita a la cobra a salir de la tela pintada o el cesto de mimbre que la envuelve, y le hace abrir la capucha a una orden suya, y mecerse en el aire como se mece reposadamente una planta en el agua.
¡Quién tendrá dichas mayores Que privar en los amores Por bonita, Dormir en lecho de grana Y llamarse la sultana Favorita! ¡Respirar en el calor Entre jazmines en flor Aura leda, Mecerse medio dormida Sobre hamaca entretejida De oro y seda!
El tiempo pasó; comenzaron los zarzales a rastrear por los desiertos patios, la hiedra a enredarse en los oscuros machones y las campanillas azules a mecerse colgadas de las ruinosas almenas.
Mis ojos doloridos no verán ya mecerse de la palma la copa gallardísima, dorada por los rayos del sol en occidente; ni a la sombra de plátano sonante el ardor burlaré de mediodía, inundando mi faz en la frescura que espira el blando céfiro.
Y ésta, viendo que el silencio que se observaba le daba ocasión de reanudar su relato, prosiguió de la siguiente manera: Poco tiempo después de esa aventura, fui a casa del marqués de Saint-Giraud, cuyo capricho consistía en poner a una mujer desnuda en un columpio y hacerla mecerse así a gran altura.
Aconteció a nuestro personaje que un día, en los momentos mismos en que su procurador le daba noticia de un auto o decreto adverso, empezaron a mecerse los corredores del Palacio de Justicia, por causa de un fuerte temblor; y jueces y escribanos salieron asustados y pidiendo misericordia.
No decía nada; miraba, no más; pero venía a menudo al puesto; parecía calcular cuántas plantas había conseguido José María; las medía con la vista, las acariciaba con la mano, embriagándose con el olorcito tan rico a verde estrujado que en el cutis le quedaba; pasaba grandes ratos a su fresca sombra, mirando las largas y elegantes ramas de los sauces mecerse al soplo de la brisa.
Tupidos ya los céspedes y tréboles del prado, ya todo está alfombrado de vegetal tapiz; ya están en flor los árboles; ya el nido la oropéndola colgó, y mecerse viéndola dormita la perdiz.
El tacto goza al acariciar el velludo terciopelo de las grandes hojas, el oído parece mecerse con el arrullo de la cascada lejana...
O vamos a mis sembrados y allí verás emulados de tus labios los carmines, que parecen amasados con pétalos de alvergines. Verás mecerse, aireadas, del mar de la mies las olas, aquí y allá salpicadas de encendidas amapolas y de jaritas moradas.
No más luchando con el rudo viento, De cuervos roncos agorero bando, Vendrá a mecerse donde el son violento Del cóncavo cañón le esté llamando No más al rayo de amarilla luna Vagarán por la noche en la montaña Las sombras de los héroes sin fortuna Que gloria piden y sepulcro a España.