Ejemplos ?
TELL.––Perdonadme, señor; fue distracción, no desprecio, perdonadme. Como me llamo Tell; que no sucederá otra vez. GESZLER.––(Despuéz de un momento de silencio.) Tell, eres maestro en el arco.
-Pos mire usté, a mí también, manque me llamo Enrique Córdoba y Córdoba, pa servir a ustedes, me dicen el de la Tinaja porque asín llamaban a mi bato, que en paz descanse, que era, y esto sea dicho sin agraviar a nadie, un gachó que valía por quince mil y pico por lo valiente y lo garboso que era y por lo que chanelaban sus güesos.
Y ahora, amigos míos, me queda una sola cosa que deciros, y es: que como es muy probable que los poetas no poseamos nunca más que nuestros versos, os dedico los míos, porque no me ocurre otra cosa que poderos ofrecer; y (por vía de paréntesis) me llamo poeta no porque yo me tenga presuntuosamente por tal, sino porque he escrito estas poesías.
— ¡Ah! ¿Se llama usted Úrsula? —No, señor; me llamo Usebia. i Qué horror! Nuestras lindas paisanitas del siglo pasado ignoraban hasta la ortografía de su nombre de pila.
Con esa misma alegría descubre su nombre. Allí, en su pastel de cinco años está su nombre; o en una calle: -¡Así me llamo yo! Sola, Ximena, Otón, Lalo, Ricardo, Susi, Lola, Mimí, Tito, Pepe, Bobi.
Me llamo Juan Méndez. Un poco más adelante diré por qué escribo. Me parece que tendré originalidad. Esta sensación de originalidad la he experimentado muchas veces: he ido a hablar con un hombre que entiende más que yo en un asunto determinado: le he confesado que yo no entiendo mucho de eso; pero...
Por hacer, señor, lo que me pedís, y por daros gusto solamente, os digo que soy un caballero español y estudiante en esta ciudad; si el nombre os importara saberlo, os le dijera; mas, por si acaso os quisiéredes servir de mí en otra cosa, sabed que me llamo don Juan de Gamboa.
Yo, como sé que todas esas quimeras que a uno le cuentan son bobadas, porque me llamo Niporesas, y conozco mi patria y mis batuecos como mi casa y mis hijos, a mis empleos me atengo; la semilla ha de caer en buena tierra, y si no, no echarla.
- ¡Claro! ¿No te acuerdas de mí, Martita? - Discúlpeme, pero... Pero no me llamo Marta sino Rosa. - ¿Rosa? Ah, pues sí! ¡Cómo fui a confundirme!
En mi espíritu, donde las imágenes pierden su relieve y se confunden, flotan dos versos de un soneto de Rossetti, de aquel soneto en que una visión le habla al poeta entre la bruma nocturna: Look at my face, my name is might have been I am also called, no more, farewell. ¡Oh, mírame la faz!... ¡Oye mi nombre! ¡Me llamo lo que pudo ser! Me llamo... Es tarde...
y es verdad! Pero ya aquel tiempo huyo, En que vate me llamo La indulgencia a la amistad. Ahora de aquella edad El recuerdo apensas resta Como quendan de una fiesta Los misteriosos sonidos Que retienen los oidos Del bullicio de la orquesta.
-¿Cómo te llamas? -¿Yo, patroncito? Me llamo Tista Arana. Y muestra unos dientes de rata, y pone en el señor unos ojos rasgados, claros y luminosos como la mañana.