mayoral


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mayoral

1. s. m. OFICIOS Y PROFESIONES Pastor principal que cuida de los rebaños o cabañas el mayoral guiaba a las ovejas. rabadán
2. OFICIOS Y PROFESIONES Persona que llevaba el tiro de las diligencias u otros carruajes.
3. AGRICULTURA Capataz de una cuadrilla de segadores u otros trabajadores del campo.
4. OFICIOS Y PROFESIONES Capataz que manda a los otros mozos en las labranzas y en las cabañas de mulas.
5. HISTORIA Antiguo recaudador y administrador de impuestos, rentas y limosnas. mampostero

mayoral

 
m. Pastor principal que cuida de los rebaños o cabañas.
Superior en jerarquía, esp. el capataz de cualquier clase de trabajadores del campo.
Mampostero (recaudador).
(Argent.) Conductor de tranvía.
Sinónimos

mayoral

sustantivo masculino
Traducciones

mayoral

mayoral

mayoral

市长

mayoral

市長

mayoral

mayoral

mayoral

市長

mayoral

mayoral

mayoral

SM
1. (= capataz) → foreman, overseer
2. [de finca] → farm manager, steward; [de ovejas] → head shepherd
3. (Hist) (= cochero) → coachman
Ejemplos ?
Él respondió que, por dalles contento a todos, desde aquel punto se las concedía, y advirtiéndoles que las estimasen en mucho, porque eran no pagar media nata del primer hurto que hiciesen; no hacer oficios menores en todo aquel año, conviene a saber: no llevar recaudo de ningún hermano mayor a la cárcel, ni a la casa, de parte de sus contribuyentes; piar el turco puro; hacer banquete cuando, como y adonde quisieren, sin pedir licencia a su mayoral; entrar a la parte, desde luego, con lo que entrujasen los hermanos mayores, como uno dellos, y otras cosas que ellos tuvieron por merced señaladísima, y los demás, con palabras muy comedidas, las agradecieron mucho.
El autor tuvo miedo de sí propio. El mayoral dio la mano a la joven para que bajara del carruaje, diciéndole con socarronería: -¡Vamos, señora!
La calma de los mayorales y zagales contrasta singularmente con la prisa y la impaciencia que se nota en las menores acciones de los viajeros; pero es de advertir que éstos, al ponerse en camino, alteran el orden de su vida para hacer una cosa extraordinaria; el mayoral y el zagal por el contrario hacen lo de todos los días.
En particular es conocido un Fray Pedro Romero a quien los mulatos, señaladamente los de la Provincia de Campazo, que es la más cercana a esta, y su mayoral que se llama Don Alonso Sebastián de Illescas, tienen mucho respeto, así que ahora goza esta tierra de paz.
Y el cantor de la tertulia entona canciones patrióticas, y el poeta improvisa cada bomba que canta el misterio, y el declamador declama trozos del Pelayo, y la señora de la casa se asusta porque su marido, el hospedador, trinca demasiado y luego padece de irritaciones, y las señoritas fingen alarmarse porque hay allí un chistoso que dice cada desvergüenza como el puño, y todo es gresca, broma, cordialidad y obsequio, cuando, por la misericordia de Dios, la voz ronca del mayoral, gritando en el patio: « ¡Al coche, al coche!
A mayoral en esto promovido su pastor sacro, el margen pisó ameno en que, de velas coronado, el Betis los primeros abrazos le da a Tetis.
Pero como halla una vigorosa repulsa, tienta al mayoral de todos los modos imaginables, con halagos, con vino, con aguardiente, con dinero, en fin, y nada, el mayoral se mantiene firme contra tantas seducciones, y salva a su viajero, y lo saca de las manos del hospedador como el Ángel de la Guarda salva y saca de las manos del encarnizado Luzbel a un alma contrita.
Érase un gallardo personaje, de treinta y dos a treinta y tres años, de noble estatura, moreno pálido como el mármol antiguo, de reposada actitud, elegantes movimientos, y serio y hasta melancólico cuando hablaba (que repito fue muy poco, y ese poco, más bien con el mayoral que conmigo).
Pregunté al mayoral su nombre y me dijo que como aquel viajero había montado tan cerca de Granada, no se le había extendido billete.
-respondió el tío Hormiga, levantándose muy alterado por habérsele ocurrido, desde las primeras palabras del mayoral, que todo aquello tenía bastante que ver con el célebre tesoro, a cuyo hallazgo por sus solos esfuerzos había renunciado su merced hacía una semana, después de arrancar antes inútilmente muchas y muy pesadas piedras de sillería.
Pero el mayoral y el cabrero, advertidos de todo, le cerraron el paso, y entre ellos y los soldados, que ya penetraban también por aquella puerta, le cogieron y ataron sin contratiempo alguno, aunque aquel diablo de hombre desplegó en la lucha las fuerzas y la agilidad de un tigre.
A tal punto llegaba el diálogo, cuando el chasquido del látigo y la estentórea voz del mayoral, llamaban a las tareas a los mineros.