matadura

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matadura

s. f. VETERINARIA Herida de las caballerías producida por el roce del aparejo.

matadura

 
f. veter. Llaga o herida que se hace la bestia por ludirle el aparejo.
Traducciones

matadura

SFsore
Ejemplos ?
Y a estas tales señalamos para la Cuaresma, por lo que tienen de Cilicio; y mandamos que en ningún tiempo se puedan ensillar, si no es en silla de borrenes, como poetas y caballos saltadores, porque no hagan mataduras ni las timen con los güesos y con lo mucho que se menean.
Tenía untos para secar las mataduras; peluquines para encubrirlas; limas especiales, y pastas, más especiales que las limas, para contrahacer edades en las cédulas de los dientes.
Aun la sarna no os come con su gula, Y sola tenéis Bula Para no sustentar cosas vivientes; Por sólo ser de hueso tenéis dientes, Y de acostarse ya en partes tan duras, Vuestra alma diz que tiene mataduras.
Y caminos sobre su lomo, porque Madroño era un burro muy flaco, muy huesudo, con el vientre pegado al espinazo, el espinazo pegado a la piel, las orejas largas, el rabo corto, el cuerpo repujado de mataduras y las patas llenas de esparavanes.
Al día siguiente, al amanecer, Falo vio con terror que la pierna estaba mucho más inflamada; la herida seguía sangrando y además... en el lomo y en el pecho las correas habían labrado la carne y brillaban, destilando humor entre gotas rojas, grandes mataduras.
Y no que andan por ahí unos mozuelos con unas lenguas de portante matando a cuantos los oyen, y así hay infinitos oídos con mataduras.
Con resignación cazurra anda el asno. Es viejo. Mataduras y esparavanes hacen congreso en él. Recogidos los belfos, enseña la ocre dentadura.
Más tarde, en 1689, llegan las Carmelitas Descalzas gracias a la donación de Francisco Bardesi, a la calle que entonces tomó el nombre de Carmen, siendo conocida como el Callejón de los Perros: “...la calle ―de Santa Rosa― parecía condenada a presenciar los cuadro más lastimosos de la ciudad, y ahora, para remate, habían dado en venirse por su vía, grupos de escuálidas mulas (ocupadas para llevar los muertos), con el lomo lleno de mataduras, cuya carne viva martirizaba el negro mosquerío del arrabal.
En este cuadro, Antonio Cano refleja la otra cara de la fiesta de los toros y sus victimas, en este caso el caballo, en la época en que salían a la plaza sin ningún peto de protección para realizar el tercio de varas. Ocupa toda la dimensión del lienzo, un maltrecho y moribundo caballo, lleno de mataduras y cornadas.