marido


También se encuentra en: Sinónimos.

marido

(Del lat. maritus.)
s. m. Hombre casado, con respecto a su mujer conoció a su actual marido en un viaje. cónyuge, esposo

marido

 
m. Hombre casado, con respecto a su mujer.

marido

(ma'ɾiðo)
sustantivo masculino
hombre casado con respecto a su mujer un marido infiel
Sinónimos

marido

sustantivo masculino
esposo, hombre.
Esposo es voz más escogida y menos frecuente que marido. Por el contrario, hombre en la acepción de marido es de uso vulgar.
Traducciones

marido

husband

marido

زوج, زَوْجٌ

marido

edzo

marido

muž

marido

marido

marido

soţ

marido

муж

marido

mume

marido

koca

marido

丈夫, 爱人

marido

ektemann

marido

manžel

marido

mand

marido

aviomies

marido

marido

남편

marido

mąż

marido

man

marido

สามี

marido

chồng

marido

丈夫

marido

SMhusband

marido

m. husband.

marido

m husband
Ejemplos ?
El señor mi amo le perdonó, y fueron hechas las amistades entre ellos; y a tomar la bula hubo tanta priesa, que casi ánima viviente en el lugar no quedó sin ella: marido y mujer, e hijos e hijas, mozos y mozas.
¡Va a entrar en tu cuarto! ¡No salgas, mi Dios, no salgas! ¡Juana! ¡dile a tu marido!... —¡Federico! —se cogió mi mujer a mi brazo.
-¡Le diré a usted!... -exclamó vivamente la viuda-. Mi difunto marido... -No le contestes ahora, mamá... -interrumpió la joven, sonriéndose.
Beatriz, su hermana, le disputa el puesto, a la que el nombre le es tan bien ceñido que ya no sólo el bien que aquí es honesto, mientras que viva, alcanzará cumplido; mas para hacer feliz tendrá aún arresto, entre tanto señor, a su marido, el cual, cuando este mundo ella abandone, verá que el sol benefactor se pone.
Sus piadosos actos iluminaban su mente, pensaba en las palabras de consuelo que prodigaba a los que sufrían, y la veía lavando las heridas de los dolientes y dando de comer a los hambrientos a pesar de las iras de su severo marido.
-exclamó- ¡eres un malvado por haber deseado que la morcilla se situara en la punta de mi nariz! -Te juro, esposa querida, que no he pensado en que pudiera ocurrir -dijo el marido-.
Mientras pronunciaba estas frases corrió a abrir la ventana y su marido, que la amaba, gritó: -Detente mi querida esposa, te doy permiso para que pidas lo que quieras.
Ya lo había oído antes, y ahora he tenido que escucharlo otra vez. Allí está charlando con ese calzonazos de seminarista. Yo estoy con el marido: «¡Atiende a tu puchero!». ¡Pero quiá!
-Eso es cierto -dijo el marido- pero démonos tiempo, pensemos de aquí a mañana por la mañana, las tres cosas que nos son más necesarias, y luego las pediremos.
-Señor Kisserup -dijo la mujer -, ya que se presenta la oportunidad, voy a enseñarle algo que no he mostrado a ningún alma viviente, y mucho menos a mi marido: mis ensayos poéticos, mis pequeños versos, aunque hay algunos bastante largos.
-dijo el marido-; no es un hermoso deseo, y sólo nos quedan dos que formular; por lo que a mí respecta, me gustaría que llevaras la morcilla en la punta de la nariz.
Pero bueno, estas son las reglas del juego y yo digo siempre que será porque, tal vez, nunca entendieron lo que fue mi relación con él, una relación de compañeros además de marido y de mujer y de padre y de amigos entrañables y, tal vez, tampoco nunca entendieron que es la tristeza, no la depresión; la tristeza y el dolor infinito de perder a una de las tres personas que más he querido en toda mi vida y, bueno, y tampoco tal vez entiendan que tenemos también la suficiente fortaleza como mujeres, para hacernos cargo de las tareas que nos tocan, en el momento que nos tocan y cuando nos tocan.