marejada


También se encuentra en: Sinónimos.

marejada

(Del port. marejada.)
1. s. f. METEOROLOGÍA Movimiento fuerte de grandes olas en el mar, sin llegar a ser temporal pronosticaron marejada en el tercio norte. marola
2. SICOLOGÍA, SOCIOLOGÍA Manifestación de un estado anímico excitado y descontento de una persona o un conjunto de personas que precede a un alboroto cuando ha enseñado sus notas en casa ha habido una fuerte marejada.

marejada

 
f. Movimiento tumultuoso de grandes olas.
fig.Rumor y murmuración de la multitud, que suele preceder al alboroto.

marejada

(maɾe'xaða)
sustantivo femenino
1. meteorología situación del mar cuando su superficie está alborotada con grandes olas La marejada destruyó un barco.
2. sociología estado anímico de sobre excitación que precede el disturbio La noticia provocó una marejada en los presentes.
Traducciones

marejada

mareggiata

marejada

SF
1. (Náut) → swell, heavy sea
2. (= oleada) [de descontento, protesta] → wave, upsurge
Ejemplos ?
1813: en Colombia se produce la Independencia de Valledupar. 1825: en la costa alemana del mar del Norte mueren ahogadas unas 800 personas debido a una marejada ciclónica.
Son zonas en las que hay que extremar la precaución por la fuerza de las corrientes y el paso de la superficie del mar a marejada o, en algunos casos, fuerte marejada.
El 11 de octubre de 1737 se registró una violentísima tormenta (cayeron 380 mm de agua en 6 h) y en la madrugada del 12 de octubre la ciudad recibió una marejada ciclónica de varios metros de altura, generada por un superciclón.
Tú los guías dulcemente hacia el mar, que es lo infinito, mientras reflejas las profundidades del cielo en la limpidez de tu alma hermosa; y cuando, rendidos por la marejada y hastiados de los productos de Oriente, vuelven al puerto natal, son aún mis pensamientos, que tornan enriquecidos del infinito hacia ti.
4.º Si doblando Punta Rubia le diere el viento escaso, puede dar fondo, pues estando ya de la parte de adentro, no hay mucha marejada, porque esta quiebra en los bajos de afuera: pero con la advertencia de que sea con la mejor ancla que tenga, por la mucha corriente que hay.
13.º Habiendo mucha marea de leva (esto es de un temporal desecho) debe tener presente, que en la canal del N altea la mar mucho, porque no tiene resguardo alguno de la parte de afuera, y el que viniere á entrar por ella, debe contar con 9 palmos de alzada: cuya experiencia hice en este viage, que asegurado de la agua que habia, por las repetidas observaciones que tengo hechas, y que precisamente tenia lo menos dos brazas, embestí la barra que rompia de punta á punta, con marejada tan disforme cual nunca he visto en ella, y hallé las dos brazas mencionadas: pero toqué muchas veces, mandando la embarcacion solo 7 palmos de agua.
Aunque la marejada era siempre muy dura, no habíamos vuelto a embarcar olas como las que nos asaltaron a la salida del canal, y el “San Jorge”, lanzado a toda máquina, manteníase bravamente en la dirección que nos marcaban los destellos del faro desde lo alto del promontorio que domina la entrada del puerto.
La necesidad de mantener la proa dirigida a tierra, presentando el flanco a la marejada, hacia que El Pejerrey embarcase una no pequeña cantidad de agua, la cual aunque era expulsada afuera inmediatamente por Rosalía, se renovaba sin cesar con sólo breves intervalos de tregua.
Aquel débil resplandor provenía de la marejada al estrellarse con la Piedra de los Lobos, arrecife del que se había alejado considerablemente en el curso de la noche.
Y con todo, aumentaba su fortuna; a pesar de esta resistencia pasiva, se volvía colosal; por debajo, por encima de la muralla china de su orgullo inerte, por infiltración continua, invadía sus campos la marejada de la población, del trabajo y del progreso, dándoles un valor cada día creciente, obligándole, a veces, por la exageración de las ofertas, a arrendar algunos retazos.
Blanca como la espuma y semejante a una flor flotante sobre las olas empenachadas de negro. La marejada la arrancó de las olas, la espuma la arrancó de la marejada, la playa la recibió...
Qué rugiente marejada de infinitos desprecios saltaría desbordante de vuestros pechos sobre el rostro de esos hombres que dicen amaros, cuando lo que desean es poseeros como una cosa y encadenaros a su dominación, para vosotras más triste que muchas desventuras, puesto que viene de un esclavo, de un esclavo que hundido en abyecto servilismo tiene la imprudente audacia de hacer de vosotras, que deberíais ser las dulces campañeras del hombre fuerte, el escaño de sus ruindades.