marchitarse


También se encuentra en: Sinónimos.

marchitarse

(maɾʧi'taɾse)
verbo pronominal
1. perder la lozanía y el verdor las flores y plantas Se ha marchitado el ramo de rosas.
2. perder una persona la belleza y el vigor Comenzó a marchitarse desde el divorcio.
Traducciones

marchitarse

fade, wilt, wither

marchitarse

يَذْبُلُ

marchitarse

vadnout

marchitarse

visne

marchitarse

welken

marchitarse

μαραίνω

marchitarse

kuihtua

marchitarse

se faner

marchitarse

venuti

marchitarse

しおれる

marchitarse

시들다

marchitarse

verwelken

marchitarse

visne

marchitarse

zmarnieć

marchitarse

murchar

marchitarse

увядать

marchitarse

vissna

marchitarse

เหี่ยวเฉา

marchitarse

solmak

marchitarse

héo

marchitarse

枯萎
Ejemplos ?
También un nuevo tuberculo empieza a desarrollarse y madura hasta la siguiente primavera, el viejo tuberculo muere lentamente. En la próxima primavera el tallo floral empieza a desarrollarse, y durante la floración las hojas ya comienzan a marchitarse.
En el capítulo 20, por ejemplo, el Rey Negro hace un llamamiento a sus soldados a "estrangular a la higuera antes de que pueda dar sus frutos." La escena puede ser una referencia indirecta a Mateo 21:18-22, en el que Jesús maldice a la higuera a marchitarse cuando descubre que ha dado frutos.
También un nuevo tubérculo empieza a desarrollarse y madura hasta la siguiente primavera, el viejo tubérculo muere lentamente. En la primavera siguiente el tallo floral empieza a desarrollarse, y durante la floración las hojas comienzan a marchitarse.
El Rey estaba más triste que de costumbre, porque al ver a la Infanta saludando con gravedad infantil a los cortesanos, o riéndose detrás del abanico de la horrible Duquesa de Alburquerque, quien la acompañaba siempre, se acordaba de la Reina, la madre de la Infanta, que había venido del alegre país de Francia, para marchitarse en el sombrío esplendor de la Corte de España.
La Martaine tiene cincuenta y dos años; alcahueta, es una mamá gorda, rozagante y sana, está obstruida y sólo ha conocido el placer de Sodoma para el que parece haber sido especialmente creada, porque tiene, a pesar de su edad, el más hermoso culo posible; es muy gordo y tan acostumbrado a las introducciones que aguanta los mayores miembros sin pestañear. Tiene todavía bonitos rasgos, que empiezan sin embargo a marchitarse.
Las hijas, a semejanza de esas flores que nacen fuera de estación, y, todavía en capullo, empiezan a marchitarse con las escarchas, arrastraban una vida angustiosa e hipocondríaca, porque los campos de batalla consumían a millares sus más vigorosas y risueñas ilusiones.
Poldy languidecía de impaciencia, e imaginaba en ocasiones que iba a marchitarse su juventud como entreabierta rosa, en cuyo seno, donde no cayó el rocío, penetran los rayos del sol en la estación estiva.
Cáusales la vergüenza interiores tormentos, y los deseos que se ven encarcelados en sitio estrecho y sin salida, se ahogan: de que resulta el entristecerse y marchitarse, por estar contrastados de infinitas olas de la incierta determinación que los aflige, en que les tienen suspensos las cosas comenzadas, y tristes las lloradas.
¿Qué le importaba a ella que los olorosos juncos hubieran comenzado a marchitarse y a perder su perfume y su belleza desde el momento mismo en que los recogiera?
Una educación realista, por lo tanto, bien puede producir individuos fuertes, diligentes y saludables, hombres inconmovibles, corazones leales; y desde luego que es una ganancia inapreciable para nuestro género; pero los caracteres eternos, esos cuya constancia únicamente consiste en el incesante flujo de la creación de su personalidad a cada momento - y que son por lo tanto eternos porque se forman a sí mismos constantemente, porque colocan los temporales intereses de su aspecto real y la actividad creativa de su espíritu, sin marchitarse o envejecer, en lo eterno, manteniendo la frescura; esos no resultan de esa educación.
Pero al cabo de algunos años, viendo que sus admiradores se habían consolado fácilmente de sus desdenes, que su belleza empezaba a marchitarse y que el príncipe de sus sueños no parecía, quiso recoger todos sus encantos para hacerse amar y conquistar de nuevo a los que la habían abandonado.
Y a medida que se viene acercando la hora, parece marchitarse más y más su grande y pesado cuerpo de atleta: su ruidosa alegría de hombrón algo bruto se calla, y rehuye hasta los juegos de manos que tanto le gustan siempre.