mandarín

(redireccionado de mandarines)

mandarín

(Del port. mandarim < malayo mantari < sánscrito mantrinan, ministro de estado.)
1. s. m. HISTORIA Alto funcionario que gobernaba una ciudad o administraba justicia, en China y otros países asiáticos.
2. coloquial Persona que ejerce un cargo sin autoridad suficiente.
3. Persona influyente en cualquier ambiente.
4. adj./ s. m. LINGÜÍSTICA Se aplica a la variante dialectal y estándar de la lengua china.

mandarín -rina

 
adj.-s. Díc. de la persona mandona.
m. Nombre dado por los europeos a cualquier alto funcionario de la China imperial.
m. f. fig.Persona que ejerce un cargo y es tenida en poco.
m. ling. El más importante de los dialectos chinos, lengua oficial de China.
f. Fruto del mandarino.
Traducciones

mandarín

mandarí

mandarín

mandarin

mandarín

Mandarin

mandarín

mandarin

mandarín

中国官話, 上級官吏

mandarín

Mandarijn

mandarín

mandarino

mandarín

vysoký státní úředník

mandarín

virkamies

mandarín

dužnosnik

mandarín

관료

mandarín

byråkrat

mandarín

mandaryn

mandarín

mandarin

mandarín

ข้าราชการพลเรือน

mandarín

viên chức chính phủ

mandarín

内务官员, 普通话

mandarín

普通話

mandarín

SM
1. (Hist, Ling) → Mandarin
2. (pey) → petty bureaucrat
Ejemplos ?
Los soldados del golpe de Estado, que no fue otra cosa el último movimiento portugués, desempeñan maravillosamente el papel de esquiroles en las huelgas de los obreros, y en defensa de los nuevos mandarines emplean sus armas contra el pueblo, como antes las empleaban en defensa de los Braganza.
Mas si los tales factores, que hoy por hoy casi son potencias, se reducen por imprevistas circunstancias a la categoría de ceros, o si el orgullo de los mandarines de los Estados Unidos crece hasta la ceguedad completa y se hace efectiva la intervención armada, el primer resultado de ella será la caída inmediata de los oligarcas de México y la unión del pueblo, el ejército y la burguesía en un común esfuerzo para rechazar la conquista.
Después vinieron los mandarines tiranos, las revoluciones, las guerras oprobiosas y lo esencial: el sentimentalismo, que fue el enemigo de la gran aldea.
-salió diciendo el mandarín mayor, que iba dando vueltas, con los brazos abiertos, escaleras abajo. Y los mandarines todos se echaron a buscar al pájaro, para que no pasease a la noche sobre sus cabezas el emperador.
Un chin-fú-tón, servía al mandarín mientras estaba en el poder y podía cebar su panza porcina; entonces secundaba en la calle el atropello y el asalto que realizara el mandarín y luego iba a defender la arbitrariedad y a aplaudirla en el seno del Consejo, y como siempre los mandarines tenían algo que les sacasen, siempre tenían temor a los chin-fú-tón.
II En un solio de muelles almohadones Cuajado de costosa pedrería Y bordado de sierpes y dragones En oro, plata y perlas que el mar cría, Se sienta entre sus nobles mandarines Han-Kao-zou, guerrero que domina Por todas sus regiones y confines Todo el celeste imperio de la China.
Según la energía y la susceptibilidad de esta censura, se verá obligado a prescindir simplemente de algunas formas de ataque, a hablar por medio de alusiones y no directamente o a ocultar sus juicios bajo un disfraz, inocente en apariencia, refiriendo, por ejemplo, los actos de dos mandarines del Celeste Imperio cuando intente publicar los dos altos personajes de su patria.
Y detrás de la cocinerita se pusieron a correr los mandarines, con las túnicas de seda cogidas por delante, y la cola del pelo bailándoles por la espalda: y se les iban cayendo los sombreros picudos.
-¡Ese!-dijo el mandarín mayor:-nunca creí que fuera una persona tan diminuta y sencilla: ¡nunca lo creí! O será, mandarines amigos ¡sí, debe ser!
Y una noche en que caía de lo alto la lluvia blanca de plumillas cristalizadas, en el palacio había festín, y la luz de las arañas reía alegre sobre los mármoles, sobre el oro y sobre las túnicas de los mandarines de las viejas porcelanas.
abía en un lejano rincón de China, allí por los tiempos en que Confucio fumaba opio y dictaba lecciones de Moral en la Universidad de Pekín, cierta gran aldea llamada Siké, regida por mandarines, en la cual acaeció la historia que te voy a referir, Rolando, a condición de que la retengas en tu privilegiada memoria –pues la memoria es el principal auxiliar para los que han de gobernar a los pueblos– y tú Rolando, tienes delante de ti grandes expectativas y todas las puertas abiertas, excepto las de la cárcel, que serán para tus víctimas.
Ellos están encargados de las funciones civiles, políticas, militares y religiosas; pero al fin son persas los sátrapas de Persia, son turcos los bajaes del gran señor, son tártaros los sultanes de la Tartaria. La China no envía a buscar mandarines a la cuna de Gengis Kan, que la conquistó.