mandarín

mandarín

(Del port. mandarim < malayo mantari < sánscrito mantrinan, ministro de estado.)
1. s. m. HISTORIA Alto funcionario que gobernaba una ciudad o administraba justicia, en China y otros países asiáticos.
2. coloquial Persona que ejerce un cargo sin autoridad suficiente.
3. Persona influyente en cualquier ambiente.
4. adj./ s. m. LINGÜÍSTICA Se aplica a la variante dialectal y estándar de la lengua china.

mandarín -rina

 
adj.-s. Díc. de la persona mandona.
m. Nombre dado por los europeos a cualquier alto funcionario de la China imperial.
m. f. fig.Persona que ejerce un cargo y es tenida en poco.
m. ling. El más importante de los dialectos chinos, lengua oficial de China.
f. Fruto del mandarino.
Traducciones

mandarín

mandarí

mandarín

mandarin

mandarín

Mandarin

mandarín

mandarin

mandarín

中国官話, 上級官吏

mandarín

Mandarijn

mandarín

mandarino

mandarín

vysoký státní úředník

mandarín

virkamies

mandarín

dužnosnik

mandarín

관료

mandarín

byråkrat

mandarín

mandaryn

mandarín

mandarin

mandarín

ข้าราชการพลเรือน

mandarín

viên chức chính phủ

mandarín

内务官员, 普通话

mandarín

普通話

mandarín

SM
1. (Hist, Ling) → Mandarin
2. (pey) → petty bureaucrat
Ejemplos ?
Dió comision el consejo supremo á un primer mandarín para que me arrestara; el qual mandó á un alguacil, que tenia á sus órdenes quatro corchetes, que me prendiesen, y me atasen con toda ceremonia.
«¡Puh! ¡puh!» contestaba el mandarín, hinchando la cabeza, a todos los que le hablaban. Pero al emperador no le decía ni «¡puh!» ni «¡pih!»; sino que se echaba a sus pies, con la frente en la estera, esperando, temblando, hasta que le decía «¡levántate!» el emperador.
Algo disgustaba al elegante ir convertido en cicerone de un ente tan grotesco; pero la intimidad con que le trataba el personaje cortesano le hizo ver en el de la aldea un mandarín inculto, una potencia electoral, un reyezuelo de provincia.
El Gran Consejo, que carecía de patriotismo y de otras virtudes elementales, estaba siempre dividido en dos grupos. Unos que adulaban al Mandarín, y otros que le hacían guerra.
Ningún mandarín nbernaba en Siké –a excepción del mandarín Rat-Hon– con más amplios poderes; extorsionaban; imponían, negociaban.
Lo que dio lugar a que muerto el gran mandarín no pocos de sus adeptos se transformaran en lo que fueran siempre: seres relajados, ánimas impuras, redomados canallas, negociadores del dinero público, corruptores de las conciencias y farsantes para quienes las leyes eran papeles escritos sin trascendencia.
Cuando un adorador de Weng-Chan –dios de la literatura– era favorecido en sus versos y canciones, cuando el rico sembrador hacía una buena cosecha de habas; cuando el vil carnicero sacaba más pesas de grasa del cerdo joven; cuando el pobre de hacienda, a fuerza de estudio y de virtud era favorecido por el mandarín; cuando el transeúnte llevaba un traje de seda amarillo, cuando el honesto labriego podía comer un paté de entrañas de gamo o un nido de golondrinas; cuando el alumno distinguido de la academia conseguía una mención de honor; cuando el justo era alabado; cuando algo bueno hacía sonreír el alma de los habitantes de Siké, los enfermos de la "torva enfermedad" saciaban su despecho en la reputación del favorecido.
El general que mató al príncipe tártaro obtuvo todas las condecoraciones de China, el título de primer mandarín y una pensión de miles de miles para él y sus herederos.
El chin-fú-tón, que antes de entrar al Pozo Siniestro era humilde, servil y familiarizado y hasta agradecido con el puntapié que recibía, tomábase una vez en el Consejo, insolente, audaz y despótico. Ay del que cayera en el odio peligroso de un chin-fú-tón, sobre todo si éste era protegido del mandarín a quien servía!
¡Tsing-pé! -salió diciendo el mandarín mayor, que iba dando vueltas, con los brazos abiertos, escaleras abajo. Y los mandarines todos se echaron a buscar al pájaro, para que no pasease a la noche sobre sus cabezas el emperador.
El mandarín les hizo observar, con toda la discreción posible, lo necesaria que es la buena educación en las discusiones, les dijo que en China jamás se discute y les preguntó de qué se trataba.
La acción vituperable de Rat-Hon, para con el mandarín Chin-Kau y para con el gran General Ton-Say, hizo escuela en Siké. Desde aquel día todos los lugartenientes quisieron seguir las huellas de Rat-Hon.