mandíbula


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mandíbula

(Del lat. manibula < mandere, mascar.)
1. s. f. ANATOMÍA Cada uno de los tres huesos de la cara de las personas y de la mayoría de los animales vertebrados donde está la dentadura. quijada
2. ZOOLOGÍA Cada una de las dos piezas que forman el pico de las aves.
3. ZOOLOGÍA Cada una de las dos piezas de la boca de los insectos con que trituran los alimentos.
4. reír a mandíbula batiente coloquial Dar rienda suelta a la risa era tan bueno el chiste que nos reímos a mandíbula batiente.

mandíbula

 
f. zool. Cada una de las dos piezas córneas que forman el pico de las aves u óseas que limitan la cavidad bucal y en la cual están implantados los dientes. También reciben esta denominación los apéndices que poseen los artrópodos a ambos lados de la boca.
anat. Cada una de las dos piezas óseas que constituyen el esqueleto de la boca del hombre y de algunos animales.
Sinónimos

mandíbula

sustantivo femenino
Traducciones

mandíbula

jaw, jawbone, jaws

mandíbula

leuka

mandíbula

לסת

mandíbula

maxilla

mandíbula

Kiefer

mandíbula

mâchoire

mandíbula

فَكٌ

mandíbula

čelist

mandíbula

kæbe

mandíbula

σαγόνι

mandíbula

vilica

mandíbula

あご

mandíbula

mandíbula

kaak

mandíbula

kjeve

mandíbula

szczęka

mandíbula

maxila, maxilar

mandíbula

челюсть

mandíbula

käke

mandíbula

ขากรรไกร

mandíbula

çene

mandíbula

quai hàm

mandíbula

, 下巴

mandíbula

челюст

mandíbula

下巴

mandíbula

SF (Anat, Téc) → jaw (Zool) → mandible
reírse a mandíbula batienteto laugh one's head off

mandíbula

f mandible, lower jaw, jaw, jawbone; — inferior lower jaw, mandible; — superior upper jaw, maxilla
Ejemplos ?
Hazme caso, Cíclope; deja lo cruel de tu mandíbula, y lo piadoso toma en vez de lo impío, pues a muchos el provecho malo castigo se les volvió.
El hombre se desplomó sobre el pecho, recuperó el equilibrio furiosamente, hizo caer redondo al niño como hubiera podido hacerlo un potrillo salvaje y después volvió hacia él un rostro al que le faltaba la mandíbula inferior; de los dientes superiores a la garganta, se abría un gran hueco rojo franqueado de pedazos de carne colgante y de esquirlas de hueso.
Tenía la mandíbula tan apretada contra los pies que resultaba difícil abrir la boca, pero lo consiguió al fin, y pudo tragar un trocito del pedazo de seta que tenía en la mano izquierda.
Después fue tiroteado con cerbatanas por Supremo Maestro Mago, quien le plantó la bala de la cerbatana en la mandíbula; gritó a voz en cuello al caer del árbol al suelo.
“¿Qué? Dos engañadores me han tiroteado con su cerbatana, me han dislocado la mandíbula. A causa de eso, se han aflojado mi mandíbula, mis dientes, que me hacen sufrir mucho.
Cuando abrieron el portón de la calle se dieron cuenta que la hora celeste había terminado y que la ciudad, despierta y viva, abría ante ellos su gigantesca mandíbula.
Y, sin embargo, aunque sus rasgos tuvieran casi siempre un aire de malicia, nunca se le oía reír a grandes carcajadas; como suele decirse, a mandíbula batiente; solamente cuando se le escapaba alguna cosa divertida la acentuaba al final con un ¡ah!
Al fin comenzó a pasar la navaja por debajo del mentón y, aunque le resultaba muy incómodo y difícil rapar sin tener sujeto el órgano del olfato, logró vencer todos los obstáculos y terminar de afeitar ingeniándoselas para atirantar la piel con su áspero dedo pulgar apoyado unas veces en la mejilla y otras veces en la mandíbula inferior del mayor.
Pero, en esto, una de aquellas bestias que se hallaba en uno de los recodos del cauce, abrió la boca, la boca enorme, castañeteó rápida y repetidamente chocando la mandíbula inferior y la superior y tornó al sopor.
¡Los salones de la independencia!, es decir, los estrados hechos de adobe y cubiertos por alfombras pintarrajeadas y tapizados los pavimentos con ordinaria jerga, debían ser para morirse de tedio y bostezar a toda mandíbula; ni un solo bronce barbedien, arrogante, espléndido, macizo, así como regalo de empresario; ni un triste bibelot (diré chuchería artística, o cosa así porque esos terminachos franceses, me hacen poner colorado), de ellos que embellecen las radiantes salas de hoy, y dan ocupación ociosa a la bella castellana; en fin, nada de todo ese maravilloso conjunto de esplendideces, comodidades y llámenle ustedes, necesidades, inventadas hoy para dicha, solaz y gloria de la brillante sociedad moderna.
Los grandes ingenios que yo admiro no estuvieron en Universidades, no conocieron siquiera la camisa y los zapatos; fueron hombres peludos y bárbaros, de cráneo pequeño poblado de hirsuta melena; de mandíbula ruda y saliente; de ojos pequeños y hundidos.
Como Eustaquio iba a formar parte de la ronda gremial, y como no quería, al igual que el honrado maese Goubard, desempeñar su oficio con traje burgués y con una alabarda prestada, se compró una espada de cazoleta, pero sin cazoleta, una celada y una loriga de cobre rojo que parecía de calderero, y después de pasarse tres días limpiándolas y bruñéndolas consiguió darles el lustre que no tenían; pero cuando se puso todo ello y se paseó orgulloso por la tienda preguntando si tenía gracia para llevar la armadura, el arcabucero se echó a reír a mandíbula batiente y aseguró que parecía llevar puesta la batería de cocina.