majestuoso

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majestuoso, a

adj. Imponente, que tiene majestad el rey caminaba con paso majestuoso.
NOTA: También se escribe: majestoso, mayestático

majestuoso, -sa

 
adj. Que tiene majestad.

majestuoso, -sa

(maxes'twoso, -sa)
abreviación
que inspira admiración y respeto por su solemnidad y grandeza un templo majestuoso
Sinónimos

majestuoso

, majestuosa
adjetivo
mayestático*, augusto, solemne, imponente, sublime.
Majestuoso y mayestático se aplican a personas o cosas; solemne se refiere a actos, fiestas, ceremonias religiosas y al lenguaje empleado para comunicar una cosa; imponente se dice principalmente de la presencia majestuosa de una persona; sublime tratándose de acciones humanas, palabras, escritos y obras de arte.
Traducciones

majestuoso

imposant

majestuoso

majestic

majestuoso

maestevole, maestoso

majestuoso

ADJmajestic
Ejemplos ?
Edificios públicos de un tamaño colosal y de una grandeza arquitectónica sin parangón en mis tiempos alzaban sus majestuosos pilares a cada lado.
Llegan, y la decente compostura, los pasos majestuosos, la modesta hermosura y ese ánimo tranquilo, sin embargo de que arde y de que anhela, están diciendo, sin querer decirlo: Éste Gonzales es, ésta es Manuela.
Benjamín, inocente, presenció el sorteo, y lejos de quejarse, demostró cierta alegría al saber que le había tocado la parte del campo donde, en tiempo de sequía, siempre duraba más el agua; donde había junco en abundancia, y nutrias en toda estación; donde se asentaban en grandes bandadas los majestuosos cisnes de cuello negro y los flamencos rosados.
No hay excursión más hermosa ni que deje más imperecederos recuerdos, que la efectuara en las primeras horas de una mañana de verano, cuando aún el sol no ha encendido con su fuego la tierra por aquellas, avenidas de árboles solemnes, majestuosos, á través de cuyas ramas distínguese confusamente el reflejo del incendio del amanecer.
Algunos días después, hallábame en el templo de las carmelitas, asistiendo a la misa solemne de una fiesta. El altar estaba cubierto de luces y flores; ardía el incienso; y el órgano hacía oír sus acordes majestuosos.
Los tibios aires que la engalanaban aún, acariciaban a los esbeltos cipreses que se erguían majestuosos y desafiantes en el rústico jardín central de la ahora colonia.
Ayer amamantados de Ensueño, hoy el Dolor les da el pecho. Al medir sus llantos voluptuosos se levanta su madre, se arrodilla en su honor el pueblo; les consuela el ser majestuosos.
II Es tu fauna riqueza invaluable Con especies de singular belleza Son sus aves un ejemplo viviente Surcando los aires con mágico esplendor, En sus extensos y majestuosos lagos Se ven delfines y peces de colores Manjar de dioses como la gamitana Y el famoso y gigante pirarucú III De tu suelo extenso y facundo Surgen frutos de mágicos sabores Y jardines de sin igual belleza Como en babilonia la victoria floreció Valerosos colonos y nativos Defendieron con valentía su patria Como herencia dejaron a sus hijos La dicha inmensa de este suelo nacional.
Ellos eran los AZTECAS-MESHICAS-TENOCHCAS, fundadores de la más extraordinaria, asombrosa y gigantesca civilidad de su tiempo: MESHICO-TENOCHTITLAN. Sus casas y sus palacios se erguían majestuosos sobre la laguna y eran tan blancos que parecían de plata.
Era una morena acanelada, de ojos adormidos de una tristeza vaga y extática; el cabello espeso y alborotoso; alta, lánguida, de movimientos rítmicos más provocativos que majestuosos; redondo, negro, como dibujado con tinta china, lucía un lunar en la mejilla.
Los chajaes bulliciosos, de elegante cabecita copetuda y de cuerpo abultado; las garzas y las cigüeñas, imponentes, en su andar acompasado; los patos de mil clases, los gansos y los majestuosos cisnes, reinaban tranquilos en ese dominio que sólo les disputaban los mosquitos insoportables.
Y trataba de calcular lo poderosa, lo colosal que se haría la producción agrícola y pecuaria de la Argentina, el día que tanto los particulares como los gobiernos obligasen, por obras adecuadas, a enriquecer millones de hectáreas todavía estériles por falta de riego, tanto los humildes arroyuelos que, susurrando, corren bajo las flores y se pierden sin provecho en infecundos tremedales, como los ríos majestuosos que llevan al Atlántico, egoísta e ingrato, el enorme caudal de sus aguas vanamente fertilizadoras.