Ejemplos ?
Sin quererlo pensé en ese cuento de Andersen: El pato feo, y me parecía ver un día al cisne desplegar sus alas y alejarse majestuosamente hacia el sol.
El relámpago flamígero; el trueno horrisonante; ese hervir impetuoso de las olas; esas montañas de agua que se levantan bramando y se desploman en el abismo; el silbido del viento embravecido; esos escuadrones espesos de nubes que marchan majestuosamente chocándose con violencia y despidiendo de repente un rayo luminoso que abrasa el firmamento y nos deslumbra; esa agitación, en fin, de los elementos, han producido en mí emociones indecibles y levantado mi espíritu a una esfera sublime.
Pasan a la vez animales chicos y grandes; pisan de a uno, de a dos, de a cuatro; pasan atropellando unos, y corriendo, parándose otros o caminando majestuosamente; se corta el desfile, vuelve a correr; con la tierra en los ojos y el sol, también, si se ha colocado mal, el novicio seguramente llegará a ciento quince o se quedará en setenta y tres, cuando cualquier paisano le cantará cien y que será cierto.
Delicada en todas sus formas, Adelaida era más bien el esbozo que el modelo de belleza, parecía que la naturaleza sólo hubiese querido indicar en Adelaida lo que había realizado tan majestuosamente en Constanza.
Y después, descendiendo del solio, se paseaba por el palacio y andaba lenta y majestuosamente, satisfecha de los dones, y mirándose y remirándose desde los pies a la cabeza.
Semejante entonces al sol en su ocaso, se retira majestuosamente, dejando, si se casa, su puesto a otros, que vengan en él a la sociedad ofendida, y cobran en el nuevo marido, a veces con crecidos intereses, las letras que él contra sus antecesores girara.
Había mucha belleza, mucha voluptuosidad, mucho de estrafalario, algo de terrible, y no poco de lo que podría haber ofendido. De hecho, por las siete estancias se paseaba majestuosamente una muchedumbre de sueños.
Detrás de él, una vaca sosteniéndose en sus patas traseras, símbolo de fertilidad, que representaba la fecunda diosa. Esta vaca era llevada en hombros por sagrados sacerdotes que avanzaban majestuosamente.
A lo lejos, distinguía el señorial Hudson, que avanzaba majestuosamente, reflejando en sus ondas una nube purpúrea, o el velamen de alguna barca que se deslizaba por su superficie de cristal, para perderse luego en el azulado horizonte.
Gente de poca idea, muy vanidosos, haciéndose los importantes y creyendo serles merecido todo, se admiraban entre sí, aprobando siempre todos, con cloqueos entusiastas, cualquier pavada que dijese cualquiera de ellos, y bastaba que uno, hinchándose majestuosamente, dejase escapar un estornudo solemne, para que todos hicieran en coro: ¡glu, glu, glu, glu!
Las parciales columnas forman después en un solo cuerpo y, desplegándose majestuosamente en las regiones superiores, roban al sol de la vista del viajero, y dan al día el aspecto sombrío del crepúsculo.
Gordo, panzudo, en mangas de camisa, por el calor que hacía, con un gran sombrero de paja, pero con la diestra majestuosamente apoyada en su rebenque de cabo de plata, iba, seguido de un soldado armado con carabina, al trotecito, primero, por las calles de la población, al galope, después, una vez en las quintas.