mago

(redireccionado de magos)
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mago, a

(Del lat. magus < gr. magos.)
1. adj./ s. ESPECTÁCULOS Se aplica a la persona que practica la magia como espectáculo en la fiesta de cumpleaños de su hijo hubo payasos y magos.
2. OCULTISMO Se refiere a la persona versada en ciencias ocultas un mago le adivinó el futuro.
3. s. Persona especialmente capacitada para el éxito en una actividad determinada es un mago de la publicidad.
4. adj./ s. RELIGIÓN Se aplica al astrólogo sacerdote de la religión de Zoroastro, entre los medos y los persas.
5. RELIGIÓN Se refiere a los tres reyes que fueron a adorar a Jesús recién nacido.

mago, -ga

 
adj.-s. Que ejerce la magia.
m. bib. Díc. de cada uno de los tres sabios o sacerdotes que, procedentes de Oriente, adoraron, según el Evangelio, a Jesús en Belén.

mago, -ga

('maγo, -γa)
sustantivo masculino-femenino
1. persona que tiene por oficio practicar trucos de magia Desde chico me cautivan los espectáculos de los magos.
2. persona que conoce y practica ciencias ocultas un mago de oriente
3. figurativo persona muy exitosa en una actividad un mago de los negocios
Sinónimos

mago

, maga
Traducciones

mago

kouzelník

mago

tryllekunstner

mago

taikuri

mago

čarobnjak

mago

魔術師

mago

마술사

mago

magik

mago

mago

mago

trollkonstnär

mago

นักเล่นกล

mago

ảo thuật gia

mago

магьосник

mago

魔術師

mago

/a SM/F
1. (= prestidigitador) → magician
2. (en cuentos) → magician, wizard/sorceress
el Mago de Ozthe Wizard of Oz
los Reyes Magosthe Three Wise Men, the Magi (frm)
es un mago de las finanzashe's a financial wizard
Ejemplos ?
No sabiendo que pensar de Persepolis, se determinó á visitar á los magos y á los literatos, lisonjeándose de que alcanzarian estos el perdon de todo lo restante del pueblo, porque unos se aplican á la sabiduría, y á la religion los otros.
Su claridad, de día, eclipsaba a la del sol. Y por haberla seguido, ¿no lo sabéis? los Magos Reyes, de vuelta a sus reinos, fueron santos...
De tiempo en tiempo nos llegaba la noticia de un aparato que, regido por un hilo, ponía de punta la aguja en las sillas de Larse, Gigena o Ramsay en el momento de sentarse; la transformación de una galera profesional en acordeón silencioso, etc. Pero acogíamos esa materia parva con la benevolente sonrisa de los magos de Faraón ante los primeros milagros de Moisés.
Sois un extrangero, le dixo el hombre juicioso que le hablaba, y se os presentan de tropel los abusos, miéntras que se os esconde el bien oculto, y que no pocas veces de estos mismos abusos resulta. Supo entónces que habia entre los literatos muchos que no eran envidiosos, y hasta entre los magos algunos que eran virtuosos.
Baltasar, para distraerse en su forzada vida monástica, empezó por labrar un trozo de madera y hacer de él los bustos de la Virgen, el niño Jesús, los tres Reyes Magos y, en fin, todos los accesorios del misterio de Belén.
De los tres Reyes de Oriente, llamados Magos, el más sabidor era el viejo Baltasar. En su palacio, de altas techumbres sostenidas con vigas de cedro, rodeado de fuertes muros de granito, y que guardaba escogida tropa, compuesta de mozos de las más nobles familias, había construido una especie de observatorio, una torre redonda, donde se encerraba, para consultar despacio las constelaciones y cubrir de enigmáticas rayas y letras de un desconocido alfabeto los pergaminos que le traían en abundancia, bien flexibles y curtidos, en lindos rollos, y las tablillas plaqueadas de cera que, surcadas por el estilete, iban alineándose alrededor de la cámara, en estantes de maderas preciosas.
Acogidos por el viejo con afabilidad y honor, reuniéronse a la tarde los tres Magos en la terraza del palacio real, y habiendo comido y bebido hasta saciarse, a la hora en que el sol se ha puesto y el firmamento es como tendido pabellón de terciopelo turquí, tachonado de diamantes y gemas, Baltasar, en tono paternal y benigno, dijo a sus huéspedes y convidados: -Lo que desea Gaspar es muy conforme a su grande ánimo, a su valor de león; pero un pobre anciano como yo, ya no sabe de guerras ni de hazañas.
La mañana siguiente fué á visitar un colegio de magos, y le confesó el archimandrita que tenia trescientos mil escudos de renta por haber hecho voto de pobreza, y que exercia una vasta jurisdiccion en virtud de otro voto de humildad.
Eran ménos cautelosos que los magos porque no aspiraba su ambicion á tan altos objetos, solicitando cada uno un empleo de sirviente y la reputacion de grande hombre.
Ellos se llaman, y llaman a los suyos, «Hijos de Faraón», descendientes de aquellos magos y guerreadores que inmortalizaron el imperio de los Ptolomeos.
Al fin entendió que estos grandes cuerpos, que con sus choques preparaban al parecer su ruina común, eran en la realidad fundaciones provechosas; que cada asociacion de magos era un freno para sus émulas; que si á veces estas diferian de opinion, todas enseñaban una moral misma; que instruían el pueblo, y sujetas á las leyes: semejantes á los preceptores que zelan los hijos de casa, miéntras que á ellos los zela el amo.
Dixo un dia al literato: Ahora conozco que los magos, que por tan peligrosos habia tenido, pueden ser muy provechosos, especialmente quando un prudente gobierno estorba que se grangeen sobrado influxo: ¿pero qué utilidades, pueden resultar de las colosales riquezas de los asentistas y agentes del fisco?