magnánimo

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magnánimo, a

(Del lat. magnanimus < magnus, grande + animus, ánimo.)
1. adj. Que es generoso o desinteresado un magnánimo donante costeó las obras de la iglesia. bondadoso, benévolo
2. Que perdona las ofensas sin buscar castigo o venganza ha sido muy magnánimo con los que lo injuriaron. bueno, noble vengativo

magnánimo, -ma

 
adj. Que tiene magnanimidad.

magnánimo, -ma

(maγ'nanimo, -ma)
abreviación
1. persona que tiene grandeza de espíritu y un carácter benevolente y generoso el magnánimo rey
2. característica que demuestra grandeza saludo magnánimo
Sinónimos
Traducciones

magnánimo

magnanimous

magnánimo

generoso, magnanimo

magnánimo

grootmoedig

magnánimo

storsint

magnánimo

ADJmagnanimous
Ejemplos ?
58 Celio, la Lesbia nuestra, la Lesbia aquella, aquella Lesbia que Catulo sola más que a sí y a los suyos amó todos, ahora, en los cruces y las callejas, desbulla a los magnánimos, de Remo nietos.
Hoy, al proclamar desde el umbral de la tierra veneranda el espíritu y doctrinas que produjeron y alientan la guerra entera y humanitaria en que se une aun más al pueblo de Cuba, invencible e indivisible, séanos lícito invocar, como guía y ayuda de nuestro pueblo, a los magnánimos fundadores, cuya labor renueva el país agradecido, –y al honor, que ha de impedir a los cubanos herir, de palabra o de obra, a los que mueren por ellos.
A este propósito, no puedo menos de expresar a usted que es altamente consolador, en medio de las calamidades que origina la guerra, presenciar el grandioso despliegue de sentimientos magnánimos y luchas inmortales que hacen revivir en esta América las escenas y los hombres de la epopeya antigua.
Replicóle el divino Aquileo el de los pies ligeros: —¡Atrida gloriosísimo, el más codicioso de todos! ¿Cómo pueden darte otra recompensa los magnánimos aqueos?
¿Acaso quieres, para conservar tu recompensa, que me quede sin la mía, y por esto me aconsejas que la devuelva? Pues, si los magnánimos aqueos me dan otra conforme a mi deseo para que sea equivalente...
Ni tú, aunque seas valiente, le quites la moza, sino déjasela, puesto que se la dieron en recompensa los magnánimos aqueos, ni tú, Pelida, quieras altercar de igual a igual con el rey, pues jamás obtuvo honra como la suya ningún otro soberano que usara cetro y a quien Zeus diera gloria.
La cruel saeta atravesó el hombre y la coraza se manchó de sangre. Y el preclaro hijo de Licaón, al notarlo, gritó con voz recia: —¡Arremeted, teucros magnánimos, aguijadores de caballos!
Los heraldos, caros a Zeus, vayan a la población y pregonen que los adolescentes y los ancianos de canosas sienes se reúnan en las torres que fueron construidas por las deidades y circundan la ciudad: que las tímidas mujeres enciendan grandes fogatas en sus respectivas casas, y que la guardia sea continua, para que los enemigos no entren insidiosamente en la ciudad mientras los hombres estén fuera. Hágase como os lo encargo, magnánimos teucros.
Acomodados en aquel sitio, conversaban; y Néstor, caballero gerenio, comenzó a hablar diciendo: —¡Oh amigos! ¿No habrá nadie que, confiando en su ánimo audaz, vaya al campamento de los magnánimos teucros?
Al fin lo mató Meleagro, hijo de Eneo, ayudado por cazadores y perros de muchas ciudades —pues no era posible vencerle con poca gente, ¡tan corpulento era!, y ya a muchos los había hecho subir a la triste pira—, y la diosa suscitó entonces una clamorosa contienda entre los curetes y los magnánimos aqueos por la cabeza y la hirsuta piel del jabalí.
Uno de los rasgos más justos, más magnánimos, más políticos, fue la declaración de que las Américas no eran una colonia o factoría como las de otras naciones, que ellas formaban una parte esencial e integrante de la monarquía española y en consecuencia de este nuevo ser, como también en justa correspondencia de la heroica lealtad y patriotismo que habían acreditado a la España en los críticos apuros que la rodeaban, se llamaron estos dominios a tener parte en la representación nacional, dándoseles voz y voto en el gobierno del reino.
Como va a la guerra Ares, funesto a los mortales, acompañado del Terror, su hijo querido, fuerte e intrépido, que hasta al guerrero valeroso causa espanto; y los dos se arman y saliendo de la Tracia enderezan sus pasos hacia los éfiros y los magnánimos flegias, y no escuchan los ruegos de ambos pueblos, sino que dan la victoria a uno de ellos; de la misma manera, Meriones e Idomeneo, caudillos de hombres, se encaminaban a la batalla, armados de luciente bronce.