madroño


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madroño

1. s. m. BOTÁNICA Planta arbustiva de hojas alternas, lanceoladas y persistentes cuyo fruto es comestible. aborio, madroñera
2. BOTÁNICA Fruto de este arbusto.
3. INDUMENTARIA Y MODA Borla redonda, de forma semejante al fruto de esta planta arbustiva, utilizada como adorno en la montera de los toreros, en la mantilla española y en otras indumentarias.
NOTA: Nombre científico: (Arbutus unedo.)

madroño

 
m. bot. Arbusto de la familia ericáceas (Arbutus unedo), de hojas lanceoladas, persistentes y coriáceas, flores de corola globosa y fruto esférico, encarnado y comestible.
Sinónimos

madroño

sustantivo masculino
(fruto) marojo.

madroño:

albortocolgante, madroñera, madroñero, pompón,
Traducciones

madroño

arbouse

madroño

Arbutus

madroño

杨梅

madroño

楊梅

madroño

Smultronträd

madroño

SM
1. (Bot) → strawberry tree, arbutus
2. (= borla) → tassel
Ejemplos ?
CORIDÓN Musgosas fuentes, blanda hierba, deleitosa para el sueño, verde madroño que la cubres con escasa sombra, guareced del solsticio mi rebaño.
Por eso cuando asoma bella en abril la verde primavera, y busca la paloma a la paloma fiel por compañera; cuando se abren en flor las secas ramas; cuando en el prado y en la parda loma, del sol naciente a las templadas llamas, dan las plantas al viento el suave aroma; cuando cada semilla germina oculta en la bañada tierra, y el nido la avecilla allá en el fondo de la selva encierra; cuando brota el retoño; cuando corre festiva los claros bosques la ufanada cierva, y, huésped del abril hasta el otoño, la codorniz esquiva viene a esconderse entre la fresca hierba, y la cabra lasciva busca las tiernas hojas del madroño...
Habían andado mucho, toda la tarde, bajo los rayos abrasadores del sol, respirando fuego, mascando polvo, sin una gota de agua para su sed ni un momento de reposo para su fatiga: de buena gana se hubieran detenido un rato para respirar cómodamente las primeras ráfagas de aire fresco que les enviaba el crepúsculo, y ofrecer descanso a sus miembros rendidos; pero no era posible; Curro tenía prisa; necesitaba entregar la carta a un escribano de Madrid, y Madroño seguía a Curro, como siempre, obedeciendo sus mandatos, dejándose conducir por él con melancólica pasividad.
Tu nariz copos deshechos, tus mejillas dos macetas, ¡Quién se viera entre tus te-chos con dos luces por planetas y dos pomas a los pechos! Es tu boca de azahar, tus labios belfo madroño; y es tan blanco tu co-ral que lo matizó el otoño a imitación del rosal.
Con eso tenían bastante; no estaban acostumbrados a más; así habían vivido desde que se conocieron, desde que Curro empezó a jugar con Madroño y a encaramarse encima de él y a darle palos y a tirarle de las orejas y a cruzar campos.
-exclamé-. ¡La señora de Ramírez Madroño! Era, en efecto, la esposa del riquísimo industrial, rubia bastante bonita, aunque de una fisonomía a veces extraña, unos ojos que relumbraban o se apagaban como gusanos de luz, y una cara larga y descolorida, como efigie de marfil antiguo.
SEVILLA: LA SIERRA NORTE: Alanís, Almadén de la Plata, Aznalcóllar, Castilblanco de los Arroyos, Castillo de las Guardas (El), Cazalla de la Sierra, Constantina, Garrobo (El), Gerena, Guadalcanal, Guillena, Madroño (El), Navas de la Concepción (Las), Pedroso (El), Puebla de los Infantes (La), Real de la Jara (El), Ronquillo (El), San Nicolás del Puerto.
-Oye, Luis -resolví-: ése es un punto que importa averiguar. Es necesario que hoy mismo nos enteremos de cuál es el estado de salud del señor Ramírez Madroño, muy señor nuestro.
Esquilache, al regresar a España en 1622, fue muy considerado del nuevo monarca Felipe IV, y murió en 1658 en la coronada villa del oso y el madroño.
XVII Á TINDARIS El veloz Fauno suele trocar el Liceo por mi amena Lucretila, y defiende del ardor estival y las lluvias huracanadas a mis cabras, que, desviándose de sus mal olientes maridos, recorren impunemente el apacible bosque tras el dulce madroño y el tomillo.
Y caminos sobre su lomo, porque Madroño era un burro muy flaco, muy huesudo, con el vientre pegado al espinazo, el espinazo pegado a la piel, las orejas largas, el rabo corto, el cuerpo repujado de mataduras y las patas llenas de esparavanes.
Y al entrar en la cervecería pedí un diario de la noche, y leí la noticia de que el señor Ramírez Madroño había muerto. Cuando comuniqué esta nueva a Luis casi sufrió un síncope.