madrileño


También se encuentra en: Sinónimos.

madrileño, a

1. adj. De Madrid, ciudad y comunidad autónoma española. matritense
2. s. Persona natural de esta ciudad y comunidad. matritense

madrileño, -ña

 
adj.-s. De Madrid.
Sinónimos

madrileño

, madrileña
adjetivo y sustantivo
(persona) matritense, gato (irón.).
Traducciones

madrileño

Madrilenian

madrileño

Madrilène

madrileño

madrileno

madrileño

madrileno

madrileño

Madrid

madrileño

Мадрид

madrileño

Madrid

madrileño

مدريد

madrileño

Madryt

madrileño

Μαδρίτη

madrileño

Мадрид

madrileño

马德里

madrileño

馬德里

madrileño

Madrid

madrileño

Madrid

madrileño

Madrid

madrileño

מדריד

madrileño

마드리드

madrileño

Madrid

madrileño

/a
A. ADJof/from Madrid
la madrileña calle de Alcalá (= de Madrid) → Alcalá Street in Madrid; (= representativa de Madrid) → Alcalá Street, the archetypical Madrid street
la madrileñísima CibelesCibeles Square which is so typical of Madrid
B. SM/Fnative/inhabitant of Madrid
los madrileñosthe people of Madrid
Ejemplos ?
Higinio, que era madrileño y como tal graciosamente decidor, se hizo en breve querer mucho de los arequipeños, por lo alegre y expansivo de su carácter, amén de que traía pasaporte en la cara, que el cleriguito era buen mozo.
Hubo de permanecer en la castellana ciudad varios meses, por dificultades del negocio, y, durante ellos trabó amistad estrecha con la familia que le daba hospedaje por recomendación del capitalista madrileño.
Dicho se está, por consiguiente, que en los cuadros que pretendo bosquejar hoy no figuraremos para nada los huéspedes de Madrid, ni tampoco los magnates, hijos de la corte, que nacen, viven y mueren a la parisiense, ni tan siquiera las personas algo acomodadas que han dado en la flor de pasar la Nochebuena en los teatros, sino solamente el castizo pueblo madrileño...
Antes que el novio le tendiese la mano para ayudarla, se adelantó un apuesto mozo: el propio Damián Antiste, el profesor, en ensueño hecho hombre, el verdadero autor del enlace entre la romántica criatura y el excelente y clásico industrial madrileño...
Ustedes, caballeros lectores, que estarán hartos de devorar multitud de artículos empezados con párrafos semejantes al anterior; artículos cuyos protagonistas-autores es de rigor que se tuteen, en los episodios que refieren, con un Sandoval, con un Montellano, con un Monteverde, o siquiera con un Arturo, Eduardo o Alfredo a secas; artículos dados a luz en ilustrados Semanarios, o en la sección de Variedades de tal cual papelón madrileño...
El capitán Juan de Latorre y Villegas, conocido más generalmente por el Madrileño, fue uno de aquellos desalmados que en Iñaquito ultrajaron el cadáver del virrey.
Despues de ejercitar su lápiz en el Gil Blas y otros periódicos de su ralea, Ortego marchó á París, y en aquella Babilonia de la civilizacion moderna acabó de extraviarse, halagado por el aplauso de los sectarios que veían con gusto á un español maldiciendo de las glorias de nuestros exclarecidos artistas, que en pintar la vida monacal no han tenido rival en Europa. Por estas indicaciones se comprende lo que serán las obras de Ortego que habían de ser expuestas al público madrileño.
Ahora (...) la atención en este hecho: el catalanista (...) esto también el bizkaytarra, echan pestes contra el madrileño, pobre diablo que en la asamblea de las regiones viene a ser lo que el burro en la de los animales, y lejos de censurar al Estado por lo que como tal institución tiene de absorbente, tiránica y odiosa, aspiran a fundar nuevos Estados más pequeños, en que ellos, los propagandistas de hoy y los gobernantes de mañana, conserven sin alteración los mismos males que la sana crítica halla siempre en todos los Estados.
Al seguir a catalanistas y bizkaytarras, los trabajadores que tal hiciesen por lo pronto sólo conseguirían desvirtuar con los hechos aquella gran verdad tiempo ha reconocida: "La emancipación de los trabajadores no es un problema local (ni regional añado yo) ni nacional", y se harían enemigos de los trabajadores de otras regiones, incluso los de Madrid, donde también hay obreros, aunque otra cosa quieran hacer creer los catalanistas y bizkaytarras que llevan un madrileño montado en la nariz.
Ismena lloraba al contestar a dos amigas suyas que le habían participado el casamiento que hacían, la una con un lord inglés, la otra con un marqués madrileño.
Y su mano, cual relicario de anillos de pedrería, engaste de la joya más valiosa aún de los deditos ebúrneos y las uñas rosadas, alzaba airosamente el abierto abanico madrileño, poniéndolo como un biombo ante la vista del cuerpo de la sardina despanzurrada, y dejando, a la parte que el país exornado con extravagantes flores no interceptaba, libre el campo para contemplar ávidamente cómo El Pajel iba a parear: una galantería al público, un rasgo de condescendencia del diestro...
Pero, sin embargo, no siéndole a él completamente conocida la lengua árabe, remitiría el documento a Madrid a un condiscípulo suyo que estaba empleado en la Comisaría de los Santos Lugares, a fin de que lo enviara a Jerusalén, donde lo traducirían al castellano; por todo lo cual sería conveniente mandarle al madrileño un par de onzas de oro en letra, para una jícara de chocolate.