Ejemplos ?
¿Habrá quien pretenda que no llegue hasta la madre patria la influencia del hombre importante cuyo astro se levantará en otro hemisferio?
Por eso no pudo menos de dirigir un duro apóstrofe a la tierra que pisaba, viéndola poblada de ásperos escajos, y cuya aparente esterilidad alejaba de ella a sus hijos para buscar en país remoto lo que la madre patria no podía darles.
Desde entonces no me vio el pelo la madre patria hasta el último mes de septiembre, en que volví a pisarla hecho un demócrata y aliado de los unionistas, que me habían echado de ella por rebelde, para derribar la dinastía ingrata que me dio todos los honores y grados que ostento, menos el tercer entorchado, que me puse yo mismo en uso de las facultades que me competían como ministro de la Guerra de un Gobierno provisional».
Y, si no, apelo al testimonio del señor Pérez Calvo, que, con el doble carácter de consejero privado e inspirador del general Dulce, y conocedor de todos los intríngulis de la insurrección, apenas sabe a qué palo quedarse, en su buen deseo de sacar toda la leña, posible de aquella guerra para el mayor bien o el menor mal de la madre patria o de sus gobernantes, que a ella le mandaron con un destino civil de los más morrocotudos.
No por eso es egoísta, ni mucho menos insensible a los sacudimientos políticos de la madre patria; y en prueba de ello, recuerda lo que va dicho, y observa que vengo al «estadio de la Prensa», como decían en mis tiempos los periodistas motilones, resuelto a tomar parte en el debate sobre los futuros destinos de aquélla, en uso lícito del derecho que me da la placa de soberanía nacional que, por lo visto, me corresponde como a cada nieto del Cid.
La tierra, los indios, las leyes, las instituciones, eran prerrogativas del poder, dádivas o concesiones para hacerse rico a toda costa y en breve tiempo, para regresar a “la madre patria”; ya que los españoles siempre se consideraron extranjeros en la Nueva España.
Mal hacían en alarmarse desde que la misma España era en los tiempos de Felipe II un vasto convento. Cuatrocientos mil frailes, y número poco mayor de clérigos, albergaba la madre patria.
No sin razón decía un propietario de aquellos tiempos: «La madre patria me ha quitado dinero y alhajas, y el padre rey ganados y granos.
El populacho dormía descuidado, ó preparaba tal vez en el silencio de la noche los cordeles con que intentaba atarme al yugo de su infelicidad, pero yo velaba entre los cuidados de salvar el patrimonio de mi madre patria.
En los momentos en que naciones débiles son atropelladas brutalmente, son invadidas y es arrebatado su territorio patrio por los países imperialistas, como en el caso de Italia con Etiopía, como en el caso del Japón invadiendo el terreno chino hasta donde quiso satisfacer sus ambiciones imperialistas, como en el caso de Alemania, que acaba de arrebatar por sorpresa y de la manera más cruenta el territorio austríaco, el caso doloroso de la Madre Patria en donde países imperialistas aportan contingentes personales y armamentos sanguinarios tratando de arrebatar ese territorio para entregarlo en manos de los fascistas...
José Luzardo, fiel a su sangre —decía—, simpatizaba con la Madre Patria, mientras que su primogénito Félix, síntoma de los tiempos que ya empezaban a correr, se entusiasmaba por los yanquis.
La clase acomodada, muy numerosa en proporción de la pequeñez de todo el vecindario, era lo suficiente ilustrada para hacer agradabilísimo su trato, sin el refinamiento que hoy distingue a la culta sociedad, con grave deterioro de los puros y santos afectos; y aunque los hijos de estas familias salían a las universidades y viajaban, llevando siempre consigo tan bello recuerdo de la madre patria, cuando a ella tornaban deponían de buen grado los resabios adquiridos en el mundo, y volvían a ser sencillos comillanos.