madeja


También se encuentra en: Sinónimos.

madeja

(Del lat. mataxa, hilo.)
1. s. f. TEXTIL Conjunto de vueltas de hilo, lana, seda u otro material semejante sin ningún soporte necesitarás más madejas de lana para terminar la bufanda. ovillo
2. Mata de pelo ¡qué preciosa madeja de cabello blanco!
3. s. m. coloquial Hombre perezoso o dejado.
4. madeja sin cuenda coloquial 1. Cualquier cosa que está enredada o desordenada. 2. Persona que acumula ideas sin coordinación o que tiene sus cosas en desorden.
5. enredar o enredarse la madeja coloquial Complicar o complicarse un asunto lo único que has conseguido ha sido enredar la madeja.
6. hacer madeja TEXTIL Formar hilos o hebras los líquidos densos o viscosos cuando están muy coagulados.

madeja

 
f. Hilo recogido en vueltas iguales para que se pueda devanar fácilmente.
fig.Mata de pelo.
fig. y fam.Hombre flojo y delgado.
madeja sin cuenta fig. y fam.Cualquier cosa que está muy enredada, confusa o desordenada.

madeja

(ma'ðexa)
sustantivo femenino
hilo recogido en vueltas iguales una madeja de lana
volver un asunto o situación complicados o confusos Sus buenas intenciones no hicieron sino enredar la madeja.
Traducciones

madeja

skein, hank, mass

madeja

A. SF [de lana] → skein, hank; [de pelo] → tangle, mop
una madeja de nerviosa bundle of nerves
desenredar la madeja de algoto get to the bottom of sth
se está enredando la madejathe plot thickens, things are getting complicated
tirar de la madejato put two and two together
B. SMF (= persona) → layabout, idler
Ejemplos ?
Jean fue a verla. Le llevó un trozo de mantequilla, una docena de huevos, una madeja de lana, dos o tres libras de queso y una rebanada de tocino.
Es decir, lo más escogido de la buena sociedad del barrio. Las mujeres van a la hila provistas de rueca y mocío de estopa o madeja de cerro.
En tus manos blancas Llevas la madeja de tus ilusiones, Muertas para siempre, y sobre tu alma La pasión hambrienta de besos de fuego Y tu amor de madre que sueña lejanas Visiones de cunas en ambientes quietos, Hilando en los labios lo azul de la nana.
Sentía claramente la madeja debajo de mis faldas y cuando intentaba cogerla, desaparecía y era tal cual si se me hundiese en las carnes.
Tampoco creía en el cuento que su madre le decía: -Escúchame, hijita, como tengo costumbre, cierto día estaba en el TEOCALLI, la casa de la energía creadora, cumpliendo con mis obligaciones de barrerlo, cuando cayó del cielo una madeja de plumas azules muy hermosas; yo me agaché a recogerlas y traté de mirar de dónde procedían, pero como nada lograba, se me hizo fácil guardarla debajo de mis enaguas.
Mas qué crees: me busqué la madeja para contemplarla y deleitarme con su azul colorido y ya no la encontré. La busqué dos o tres veces, por aquí, por allá, y no estaba.
Bueno, y qué más tienes que contar.- Agregó muy molesta COYOLXAUHQUI, que había enrojecido de cólera y perdido su habitual palidez. -Pues entonces, como la madeja de esas plumitas azules de colibrí había desaparecido, me olvidé de ello.
La pobre COATLICUE se deshizo en llanto ante tamaña ingratitud e injusticia; sintió un pánico tan tremendo que comenzó a temblar; de pronto, sintió que la madeja de plumas se movía por su cintura y al querer apresarla, asombrada escuchó una voz viril que le decía: -Madrecita, no me lastimes ni te acongojes, yo, el más pequeño de tus hijos, pero el más grande, te defenderé.
COATLICUE, que miraba espantada la furia de su hija COYOLXAUHQUI que con una daga se arrojaba para matarla, sintió que la madeja de plumas se le caía y en medio de una humareda de copal vio como brotaba un hercúleo, hermoso y gallardo mancebo.
– Ay, Steenie –replicó el Señor, dando un profundo suspiro y llevándose el pañuelo a los ojos–, la suya fue una muerte repentina y el país lo echará de menos; no tuvo tiempo de ordenar sus asuntos, pero sin duda estaba preparado para Dios, que es lo que cuenta, y nos dejó una enredada madeja que deshilvanar.
Y así, sin término, devanando la madeja de nuestro destino, deshaciendo todo el infinito que en una eternidad nos ha hecho, caminando a la nada, sin llegar nunca a ella, pues que ella nunca fue.
A estas voces, Isabela y sus padres volvieron los ojos y vieron que, hendiendo por toda la gente, hacia ellos venía aquel cautivo; que habiéndosele caído un bonete azul redondo, que en la cabeza traía, descubrió una confusa madeja de cabellos de oro ensortijados, y un rostro como el carmín y como la nieve, colorado y blanco; señales que luego le hicieron conocer y juzgar por extranjero de todos.