madama


También se encuentra en: Sinónimos.

madama

(Del fr. dame, señora.)
1. s. f. Tratamiento afectado dado a las señoras.
2. R. de la Plata Mujer que regenta un prostíbulo.
Traducciones

madama

madame

madama

Madame

madama

Madame

madama

מאדאם

madama

SF (LAm) madame SFmadam, brothel keeper
Ejemplos ?
— No sabré decirte, palomita de ojos negros, lo que adi- vina ni lo que profesa la tal madama: pero tengo para mí, que ha de ser una de tantas embaucadoras que, á visla y pacien- cia de la autoridad, sacan el vientre de mal aflo, á expensas de la ignorancia y tonterías humanas.
Es en ventaja tuya; vestirás bien con menos sacrificio, y lo que lleves será igual, como que es el modelo, a lo que otras traigan de casa madama Lagazc...
El telegrama de Lisboa, pues, parece decirnos a los que no hicimos coro a los mangoneos del demócrata Orense y los vítores del republicano Castelar, antes de la revolución, ni después de ella a las súplicas de los agentes reales: «¡Qué ganga os habéis perdido, estúpidos, con la solemne bofetada que os di en otro telegrama famoso, de reciente fecha! Madama Henzler..., examinándolo bien, ¡qué reina más guapetona y sandunguera para ese Trono deshonrado y carcomido por los vicios y la disipación!».
Aún estaba fresco el recuerdo de la famosa controversia, en que se enfrascaron los teólogos de la cristiandad, sobre si el chocolate quebranta o no el ayuno, controversia en que hasta dos grandes señoras, la princesa de los Ursinos y Madama de Maintenon, tomaron parte.
Por lo regular se copiaba un cuadro representando la prisión de Atahualpa, la revolución de Almagro el Mozo, una jarana en Amancaes, el auto de fe de Madama Castro, el paseo de Alcaldes, la procesión de las quince andas o cualquier otra escena histórica o popular.
Las graciosas casquivanas entraron al deseado almacén, y yo he venido a dar a usted esta pequeña muestra de la ingratitud mujeril. -Gracias a Dios, hace tiempo, que yo digo como madama Geofroid «quand j’étais femme».
En Francia es largo el catálogo de Literatas insignes, y quando otras no hubiera, bastarán los nombres de la Marquesa de Sebigné, de la Condesa de la Fayete, y de Madama Dacier, para acreditar que se han distinguido igualmente que sus paisanos insignes.
Tamberlick me había acariciado, y la incomparable Madama Lagrange, aquella artista con un corazón a la Malibran, se había entretenido en hacerme charlar durante los entreactos en su camarín, adonde solía llevarme mi hermano Jacinto.
Estaba vacía. Mi primo, familiarizado con el local, llamó a gritos: -¡Teresa, madama Teresa! Al oír madama, la aventura empezó a interesarme.
Al tratar madama Teresa de incorporarse difícilmente, vimos de cerca su rostro, no demacrado ni excesivamente arrugado, sino céreo, como el de un muerto, y fino, como el de una muñequita de marfil.
Francés en diciendo bú, como niño que hace el coco y añadiendo bon compare y nombrando macarelage, sin descuidarte de decir la Francia, monsiur y madama, está acabado.
Y la calma se restableció en esta ciudad de los reyes, y la Inquisición se distrajo preparándose a quemar a madama de Castro y la estatua y huesos del jesuita Ulloa.