Ejemplos ?
Era ésta la que más próxima tenía; veíala de frente, y de costado a las demás. Consideró primero el traje y después el macilento rostro.
Sólo el movimiento de su mano extendida sobre la cabeza de Carbón, sólo su sonrisa al decir al negro: «Hijo mío», bastaban para revelar el ardor de la bondad en su alma, y para probar que la sangre de Cristo florecía en ella, como los rojos granados en los oasis del desierto sahariano. La donosa geta de Carbón realzaba el macilento rostro del prelado.
endido sobre una roca, orillas del Macará, caída el ala del sombrero, melancólica la faz, macilento y pensativo un bello joven está, que, así le dice a un correo de Cuenca, lleno de afán: -Correo que vas y vuelves por caminos del Azuay, a donde triste y proscrito ya no he de volver jamás; di ¿qué viste de mi Cuenca en el último arrabal, en una casita blanca que orillas del río está, rodeada por un molino, perdida entre un alisar?
En vano airado le sacude el viento, Y en vano el ronco temporal le moja, Y en vano sobre el monstruo macilento Tan larga edad su pesadumbre arroja; Que siempre altivo y grande y opulento, Ni el vendaval ni la vejez le enoja; Y siempre rico, en su ciudad derrama Los arroyos que bebe en Guadarrama.
Y tanto fue creciendo su manía, que, privada de sueño y de sustento, consumiendo se fue de día en día, y se quedó cadáver macilento que el más crüel a compasión movía era sólo su vida un morir lento, un doloroso agonizar constante, un arrancarse el alma a cada instante.
esde 1905 hasta 1925 han ingresado en el Hospicio de las Mercedes 108 maquinistas atacados de alienación mental. Cierta mañana llegó al manicomio un hombre escuálido, de rostro macilento, que se tenía malamente en pie.
que no avezada al fingimiento, trémula fué, y el rostro macilento, a dar en un sillón lánguidamente; y en su errante mirada veíase en verdad su afán interno y su pavura al crimen retratada.
Implora donde llega el mendrugo de pan; duerme en despoblado sobre asperezas y cantiles; golpéase el pecho con piedras puntiagudas. Demacrado, macilento, el cuerpo una sola llaga, toca a las puertas de la ciudad Eterna, treinta y tres meses después.
No hay capilla esos días cuando cuelgan a un hombre: el corazón del Capellán está demasiado enfermo o su rostro demasiado macilento, o hay algo escrito en sus ojos que nadie debería ver.
Cual por entre la nube de vapores que su faz oscurece, el encendido sol de su lumbrera el resplandor divino nos ofrece, tal del joven el rostro macilento descubre su hermosura, y las penas, y el llanto, y el tormento empañan, no marchitan, su frescura.
Del techo agrietado, de color de hollín, colgaba un candil de hoja de lata cuyo macilento resplandor daba a la estancia la apariencia de una cripta enlutada y llena de sombras.
Pero dexando las burlas hablemos un rato en seso, si no ya que os tienen loco sequedades del cerebro: ¿cómo, decid, Manzanares, tan poco medrado os vemos, pretendiente en esta Corte y en palacio lisonjero? Un siglo y más ha que andáis, hipócrita y macilento, saliendo al paso a los reyes, que tienen gusto de veros.