loto

loto

(Del lat. lotus gr. lotos.)
1. s. m. BOTÁNICA Planta acuática, de hojas coriáceas y flores grandes y olorosas que abunda en las orillas del Nilo.
2. BOTÁNICA Flor y fruto de esta planta.
3. BOTÁNICA Planta arbustiva que crece en las zonas desérticas, cuyas bayas son carnosas y ricas en agua.
4. BOTÁNICA Planta ebenácea de fruto comestible.
5. ARQUITECTURA Moldura en forma de ese, que aparece con frecuencia en los monumentos egipcios.
NOTA: Nombre científico: (Diospyros lotus.)

loto

(Apócope de lotería.)
s. f. JUEGOS coloquial Lotería primitiva.

loto

 
m. bot. Planta acuática de la familia ninfeáceas (Nymphaea lotus), de hojas grandes y coriáceas; flores terminales de gran diámetro, blancas y fruto globoso.

loto

('loto)
sustantivo masculino
planta acuática de hojas grandes y flores blancas y olorosas En la laguna crecen lotos.

loto

('loto)
sustantivo femenino
juego en que se marcan una serie de números en una boleta y gana quien acierta la serie en un sorteo jugar a la loto
Traducciones

loto

lotus

loto

lótus

loto

loto

loto

Lotus

loto

lotus

loto

lotus

loto

Lotus

loto

Lotus

loto

Lotus

loto

1 SMlotus

loto

2 SFlottery
Ejemplos ?
Es fuerte y verídico; ha vencido sus órganos y sus sentidos, y su gloria es como la del sol al amanecer. Regocíjate, virgen, de ser el loto que embalsama el jardín del corazón de Aryuna.
Dijo el Cronión, y estrechó en sus brazos a la esposa. La tierra produjo verde hierba, loto fresco, azafrán y jacinto espeso y tierno para levantarlos del suelo.
Mas Aquileo permanecía entonces en las corvas naves que atraviesan el ponto, por estar irritado contra Agamemnón Atrida, pastor de hombres; su gente se solazaba en la playa tirando discos, venablos o flechas; los corceles comían loto y apio palustre cerca de los carros de los capitanes que permanecían enfundados en las tiendas, y los guerreros, echando de menos a su jefe, caro a Ares, discurrían por el campamento y no peleaban.
El cual, así que se hubo celebrado el banquete a la puesta del sol, tomó de la mano a la desposada, y le dijo solemnemente: «Hermosa eres, doncella: tu presencia, como un vino generoso, derrama embriaguez. Tus formas son de diosa; grandes son tus ojos, tus cejas parecen pétalos de loto, tu voz es como el gorjeo del kokila.
Bajo las rocas cupríferas de Falun, en las minas de carbón de Inglaterra, vuela como polilla espolvoreada sobre el devocionario en las manos del piadoso trabajador. En la hoja de loto se desliza por las aguas sagradas del Ganges, y los ojos de la doncella hindú se iluminan al verla.
Bien podía darse el placer de un salón digno del gusto de un Goncourt y de los millones de un Creso: quimeras de bronce con las fauces abiertas y las colas enroscadas, en grupos fantásticos y maravillosos; lacas de Kioto con incrustaciones de hojas y ramas de una flora monstruosa, y animales de una fauna desconocida; mariposas de raros abanicos junto a las paredes; peces y gallos de colores; máscaras de gestos infernales y con ojos como si fuesen vivos; partesanas de hojas antiquísimas y empuñaduras con dragones devorando flores de loto...
Delante van y vienen los sacerdotes, con sus manteos de tisú precioso, o de seda verde y azul, y el bonete de tejido de oro, uno con la flor del loto, que es la flor de su dios, por lo hermosa y lo pura, y otro cargándole el manteo al de la flor, y otros cantando: detrás van los encapuchados, que son sacerdotes menores, con músicas y banderines, coreando la oración: en el altar, con sus mitras brillantes, ven la fiesta los dioses sentados.
Así al azar del viento su semilla dando la flor del loto, abre del Ganges en la verde orilla las trémulas corolas, hasta que el tallo roto llevan al mar remoto del turbio río las dormidas olas.
Escucháis esas voces, embelesadoras y fúnebres, Que cantan: "¡Por aquí! vosotros que queréis saborear ¡El Loto perfumado! Es aquí donde se cosechan Los frutos milagrosos que vuestro corazón apetece; Acudid a embriagaros con la dulzura extraña De esta siesta que jamás tiene fin!" Por el acento familiar barruntamos al espectro; Nuestros Pilades, allá, nos tienden sus brazos.
Anchas bocanadas de aromas salen del seno de aquella verdadera naturaleza, vigorosa como una pasiega primeriza; y el indolente oriental, ebrio de narcóticas esencias, se atraca de arroz a la claridad de la luna, pensando en la simbólica flor del Loto, o en algo por el estilo...
Reinaba allí una atmósfera exquisita, aunque de mareo, que casi hacía olvidar instantáneamente todos los fastidiosos horrores de la vida; respirábase allí una sombría beatitud, análoga a la que debieron de sentir los comedores de loto cuando, al desembarcar en una isla encantada, iluminada por los resplandores de una eterna prima tarde, sintieron nacer dentro de sí el sonido adormecedor de las cascadas melodiosas, el deseo de no volver a ver nunca sus penates, a sus mujeres, a sus hijos, y de no tomar nunca a mecerse en las altas olas del mar.
Por todo esto se verá que los habitantes de Siké merecían la suerte que les estaba deparada por Buda, el admirable padre de la sabiduría, el dispensador de beneficios, el que hace florecer los crisantemos en la primavera, y rompe el broche verde por donde surgen, en los lagos tranquilos, las blancas flores del loto frágil, bajo el cielo hondo y azul, en los paisajes multicolores de las comarcas chinas.