Ejemplos ?
En casa concluyeron por tranquilizarse, y como la epidemia —provocada por una crisis de llover sin tregua como jamás se viera aquí había cesado casi de golpe, la vida recobró su línea habitual.
Con inquieta y temblorosa prontitud se bajó los harapos que traía como pantalones y en un gesto lujurioso se enlagartijó sobre la inerte. Afuera comenzaba a llover...
Y como empezaba a llover, sacó su espada y la agitó en todos sentidos encima de su cabeza, de modo que no le cayó ni una gota de agua.
-Camará, y que mo de llover, ¡ni cuando enterraron a Bigote! -exclamó el señor Curro el Pimporrio, penetrando en casa de su compadre el señor Pedro el Cerote, uno de los más populares de los por aquel entonces dedicados a calzar a los que podían permitirse tal lujo en el barrio de La Pelusa.
Por las tardes, al llegar la noche, el volcán vomitaba su brasero de estrellas y quedaban prendidos en el cielo los astros para llover de nuevo cuando el alba viniera.
¡Entonces sí que van a escribir contra nosotros, entonces si que van a llover amenazas contra nosotros, entonces sí que van a venir los cables alarmantes!, y no dudo de que algunos pocos “amiguitos” de la Revolución les van a dedicar cintillos a los cables que vienen de fuera atacando las medidas revolucionarias.
Y fue ansí, que luego otro día salimos por la villa a pedir limosna, y había llovido mucho la noche antes; y porque el día también llovía, y andaba rezando debajo de unos portales que en aquel pueblo había, donde no nos mojamos; mas como la noche se venía y el llover no cesaba, díjome el ciego: “Lázaro, esta agua es muy porfiada, y cuanto la noche más cierra, más recia.
Pero, amigo mío, nunca por mucho llover fué mal año, y no es dar puñalada en el cielo ó pretender realizar lo imposible, el insistir eli la repetición de lo mismo que, "hasta en lono serio, he predicado cuantas veces me he visto en el compromiso de subir al pul- pito, para expresar mis ideas sobre lo que, á mi modesto juicio, es ó debe ser la Tradición.
Cuando el cielo comenzó a desteñirse sobre las lomas, abrió la boca, mantuvo su oscura oquedad vuelta hacia sus nietos y lanzó un rugido: ¡Arriba, arriba, arriba! -los golpes comenzaron a llover-.
Jamás podré pinchar esta venita azul –lloraba mientras decía esto y sentía llover sus lágrimas en mi brazo, que tenía entre sus manos.
Fue muy gracioso, porque en el 2014 se graduaron 10.000 ingenieros, y cuando esto se publicó en un diario decía como curiosidad, como si fuera una cosa que nace por generación espontánea, un fenómeno meteorológico, como que va a llover y llovió o va a hacer calor o va a hacer frío.
Parecióle buen consejo al corregidor, y así entró a llamar al que le confesaba, y díjole que primero habían de desposar al gitano con Preciosa, la gitana, y que después se confesaría, y que se encomendase a Dios de todo corazón, que muchas veces suele llover sus misericordias en el tiempo que están más secas las esperanzas.