Ejemplos ?
«Mezcla absurda de Catón y de »Calígula (dice usted), extraño ingerto de las virtudes romanas icon las prostituciones helénicas; amante ciego de la civiliza- »ción en negro concubinato con la barbarie; serio, económico »y desprendido, no manchó sus manos con los dineros de la » nación No hay bestia más limpia ni que conserve su piel ) más lustrosa que el tigre.»— Si el retrato que usted pinta con tan vivo colorido es copia fiel, como á mí me parece, enorgulléz- case de él la literata.
Mira, Laura: aunque no soy literata, ni poetisa, ni escritora de moda y otros géneros, como doña María Pilar Sinués del Marco; en fin: aunque no me he dado al público, ni siquiera con mis iniciales, te juro que ese Cócora me da miedo: es tan reparón y tan..., y luego sabe tanta ortografía y es tan descarado...
Su afán de ocultar el pecado era vanidad escolástica. No quería dar la razón a los reaccionarios, que no se fían de la mujer instruida y literata.
En agosto de 1747 fundose a inmediaciones del destruido Callao el pueblo de Bellavista; se elevó el convento de Ocopa a colegio de propaganda fide; se consagró la iglesia de los padres descalzos; la monja y literata sor María Juana, con otras cuatro capuchinas, fundó un monasterio en Cajamarca; se observó el llamado cometa de Newton; se estableció el estanco de tabacos; se extinguió la Audiencia de Panamá, y en 1755 se formó un censo en Lima, resultando empadronados 54.000 habitantes.
Si Rosario hubiera sido bas bleue, una literata, siquiera una romántica rezagada, hubiera podido tener cierto fondo, aunque repugnante, para las formas de falsa naturalidad, de sencillez prístina y de paraíso.
Sí, Tula era muy literata y debía de saber aquello de Nasón Aquellos cangrejos, aquellas ostras, aquellas langostas, aquellos calamares, aquellos langostinos en aquellas salsas, aquel sauterne, no eran más que la traducción libre del verso de Ovidio «¡Huyamos, huyamos también ahora!
Ni siquiera recuerdo el nombre del autor, porque yo, poco literata, hago como muchas mujeres que no suelen enterarse del nombre de quien las deleita con sus invenciones.
Pero si está excusado el hombre de letras (y no de cambio, por mi mal) de manejar el escalpelo de la crítica para aquilatar bellezas que, incuestionablemente, las hay y en buena cifra, en el libro VELADAS nada me impide llevar la flor del re- cuerdo á la tumba de las nobles amigas que, fraternizando en ideales con la digna madre de usted, fueron el encanto de aquellas deliciosas noches, de cordiales, de íntimas expan- siones, gozadas en el modesto, á la vez que elegante, salón d la ilustre literata argentina.
A Juan Montalvo, egregio prosador, gran artista de la pa- labra, diestro en utilizar los primores de la lengua, cervan- tesco hasta cuando abusa del arcaísmo, lo calificaba yo, há quince años, de ser el más correcto y castizo de los escritores de nuestro siglo. La Pardo Bazán, esa portentosa literata ma- ravilla de su sexo, vino recientemente á robustecer mi juicio.
En Pollensa ha pintado Santiago Rusiñol cosas de flor de luz y de seda de sol. Y hay villa de retiro espiritual famosa: la literata Sand escribió en Valldemosa un libro.
Gustavo Adolfo, quien enviudó hace ya mucho tiempo, se niega a volver a entablar otra relación amorosa, pero Ana María, que continúa obesionada con tener descendencia, trae a la mansión a una atractiva literata, de nombre Cristina, supuestamente para ayudarle a trabajar en varios escritos; sin embargo, su verdadera intención es que ambos se enamoren, se casen y ella obtenga el nieto que tanto espera.
79 Mercè Rodoreda enseñaba lo que escribía a Dalmau, y él la animó a hacer públicos estos primeros textos. Según Dalmau, Mercè Rodoreda era una alumna excepcional que poseía una plenitud espiritual y una prometedora alma de literata.