Ejemplos ?
Aquello no estaba bien. Era cosa inocente, pero más propia que del cielo, del limbo. Pero como del cielo ya no se les podía echar, ni era la cosa para tanto..., los trasladaron al cielo...
Rara familia había en Lima que, además del se- gundón, destinado desde el limbo materno para vestir hábitos, no contase entre sus miembros im par de frailes, por lo me- nos, y número igual de monjas.
Y por este tono empezó a enfrascarse la querella. El cura se empeñó en probar por a+b que hay infierno, purgatorio y limbo, esto es, tres cárceles penitenciarias.
El conde de San Isidro, que sus razones tenía para andar escamado con la política, dejó la pluma, y poniéndose de pie, balbuceó: -No entiendo lo que quiere decirme, señor don Chombo. -Eso es, hágase usted ahora de los del limbo; pero no sabe que tengo muchas agallas.
Un grito inmenso de admiración y entusiasmo acogió sus palabras, y el rostro del anciano se dilató con el placer que causa la conciencia del deber cumplido; placer tanto más intenso cuanto más doloroso ha sido vencer, para alcanzarlo, la flaca naturaleza de la humanidad». = La curiosidad se pena Ahora saquemos del limbo al lector.
En ese entonces, Chorrillos no estaba a la moda ni era más que una ranchería de pescadores; Ancón y el Barranco dormían aún en el limbo; Miraflores y la Magdalena eran dos miserables aldehuelas, sin casas de alquiler para el necesitado, e injuria grande habría sido proponer pago de arrendamiento a los pocos señorones que en los pueblecitos vecinos a Lima poseían alguna propiedad para su recreo y el de sus familias.
No se olvidó, por supuesto, de remitir también el expediente sobre limpieza de sangre, expediente tanto más fácil de organizar cuanto que el postulante era asturiano, es decir, hidalgo por derecho de nacimiento. Los nacidos en esas privilegiadas merindades salen del limbo materno con un Don tamañazo en mitad de la frente.
Y para llegar de una vez al sumo encarecimiento de las prerrogativas que la asisten, Dios, cuando Dios se retrató en el hombre, pues le sacó del ejemplar de su idea, imagen y semejanza suya; Dios, cuando hombre (no habiendo permitido que humano pincel le retratase, deslumbrando a esplendores a cuantos lo intentaron), porque el mundo no quedase sin tan gloriosa prenda, se retrató a sí mismo en el blanco cendal de la piadosa Verónica, y su misma Divinidad (que aunque bajó con el Alma al Limbo...
Pero el disco no se eleva... El limbo solamente pasa rozando por el límite del cielo y de las olas... ¡Un momento más, y ha desaparecido!
Yo, oficial mayor, juro por estas que son cruces que devolvería cuanto oficio cayera bajo mis espejuelos con un quiera usía, porque había de ocu- rrírseme que la frasecita llevaba entripado, o, lo que es lo mismo, que el firmante había querido decirme: «No dé usted carpetazo o no mande al Limbo mi nota».
Pero de tres a cuatro ¿dónde tomarían el aperitivo los altos empleados de Palacio, los magistrados y los padres de la patria? Broggi, Klein y demás, con sus aseadas, elegantes y bien servidas instalaciones estaban todavía en el limbo.
Y mira que lo siento mucho... ¡Vamos al limbo de los justos o seno de Abraham! ¡Los santos como tú, ahora, no se nos cuelan aquí!