licaón

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licaón

 
m. zool. Mamífero carnívoro de la familia cánidos (Lycaon pictus), de pelaje moteado, cabeza de tamaño medio, hocico obtuso y orejas erguidas y grandes. Se halla en África, al sur del Sahara.
Ejemplos ?
Los ricos teucros, que habitaban en Zelea, al pie del Ida, y bebían el agua del caudaloso Esepo, eran gobernados por Pándaro, hijo ilustre de Licaón, a quien Apolo en persona diera el arco.
El divino Alejandro, esposo de Helena, la de hermosa cabellera, vistió una magnífica armadura; púsose en las piernas elegantes grebas ajustadas con broches de plata; protegió el pecho con la coraza de su hermano Licaón, que se le acomodaba bien; colgó del hombro una espada de bronce guarnecida con clavos de plata; embrazó el grande y fuerte escudo; cubrió la robusta cabeza con un hermoso casco, cuyo terrible penacho de crines de caballo ondeaba en la cimera, y asió una fornida lanza que su mano pudiera manejar.
Halló por fin al eximio fuerte hijo de Licaón en medio de las filas de hombres valientes, escudados, que con él llegaran de las orillas del Esepo; y deteniéndose a su lado, le dijo estas aladas palabras: —¿Querrás obedecerme, hijo valeroso de Licaón?
Mas Apolo, que enardece a los guerreros, movió a Eneas a oponerse al Pelida, infundiéndole gran valor y hablándole así después de tomar la voz y la figura de Licaón, hijo de Príamo: —¡Eneas, consejero de los teucros!
Y el héroe acometió de nuevo a los teucros, para hacer en ellos gran destrozo. Allí se encontró Aquileo con Licaón, hijo de Príamo Dardánida, el cual, huyendo, iba a salir del río.
Tan luego como el preclaro hijo de Licaón vio que Diomedes corría furioso por la llanura y tumultuaba las falanges, tendió el corvo arco y le hirió en el hombro derecho, por el hueco de la coraza, mientras aquél acometía.
Ya anteriormente habíale hecho prisionero encaminándose de noche a un campo de Príamo: Licaón cortaba con el agudo bronce los ramos nuevos de un cabrahigo para hacer los barandales de un carro, cuando Aquileo, presentándose cual imprevista calamidad, se lo llevó mal de su grado.
La cruel saeta atravesó el hombre y la coraza se manchó de sangre. Y el preclaro hijo de Licaón, al notarlo, gritó con voz recia: —¡Arremeted, teucros magnánimos, aguijadores de caballos!
, Traducción de Ana Pérez Vega - - - - - - - - - - - - - - - 1.1-4 - Invocación 1.5-88 - El origen del mundo 1.89-150 - Las edades del hombre 1.151-162 - La Gigantomaquia 1.163-208 - El concilio de los dioses (I) 1.209-243 - Licaón 1.244-252 - El concilio de los dioses (II) 1.253-312 - El diluvio 1.313-437 - Deucalión y Pirra 1.438-451 - La sierpe Pitón 1.452-567 - Apolo y Dafne 1.568-624 - Júpiter e Ío (I) 1.625-688 - Argos 1.689-712 - Pan y Siringe 1.713-750 - Júpiter e Ío (II) 1.750-779 - Faetón (I) 2.1-332 - Faetón (II) 2.333-339 - Clímene 2.340-366 - Las Helíades 2.367-400 - Cigno 2.401-532 - Júpiter y Calisto 2.533-541 - El cuervo 2.542-547 - Apolo y Coronis (I) 2.548-554 - La corneja...
Escapóse Licaón, y volviendo a la casa paterna, estuvo celebrando con sus amigos durante once días su regreso de Lemnos; mas, al duodécimo, un dios le hizo caer nuevamente en manos de Aquileo, que debía mandarle al Hades, sin que Licaón lo deseara.
Eneas advirtió que Diomedes destruía las hileras de los teucros, y fue en busca del divino Pándaro por la liza y entre el estruendo de las lanzas. Halló por fin al fuerte y eximio hijo de Licaón, y deteniéndose a su lado, le dijo: —¡Pándaro!
Pensando en tales cosas Aquileo continuaba inmóvil. Licaón, asustado, se le acercó a tocarle las rodillas; pues en su ánimo sentía vivo deseo de librarse de la triste muerte y de su negro destino.