Ejemplos ?
Y Juan, acordándose de que su hija se iba secando, oía con indescriptible rabia el «glu, glu...» del chorrito regalado de dulce leche que se deslizaba por entre los labios del pequeñuelo, el hijo del señorito Raimundo, y que le criaría unas carnes más rollizas aún que las de Juliana, unas carnes de rosa, tiernas como las de un lechoncillo...
Así lo hicieron Ib y Cristina en un principio; pero después se acercaron al gran canasto para ver lo que había dentro, y, al descubrir el lechoncillo, no pudieron menos de sacarlo, tocarlo y manosearlo tanto que el animal cayó al agua y la corriente se llevó su cadáver.
Deja en seguida los reales y va a su encuentro el caudillo Eneas, origen de la romana estirpe, espléndido con su rutilante escudo y sus divinas armas, acompañado de Ascanio, otra esperanza de la gran Roma; el sumo sacerdote, vestido de blanco, lleva en sus brazos un lechoncillo y una cordera de largo vellón, y los conduce a las encendidas aras.
Los perdonaron, empero, después de haberles explicado que habrían debido ser castigados severamente, primero por haber dejado caer al agua el lechoncillo, y en segundo lugar, y sobre todo, por haber huido.
En aquel tiempo no había ciudad, ni fábricas en este lugar; solo se veían algunas granjas habitadas por una docena de aldeanos; lo que animaba a Silkeborg era el ruido del agua y los gritos de los ánades salvajes. Una vez desembarcada la leña, el barquero compró un cesto lleno de anguilas y un lechoncillo que acababan de matar.
Los murtones más hermosos que han visto en su vida les cierran el paso; todo lo olvidan, lechoncillo, espantoso pánico, y se ponen a comer la deliciosa fruta, embadurnándose de encarnado y azul los labios y las mejillas.
En breve se encuentran entre la maleza que les oculta el río, el maldito río que arrastraba al lechoncillo que habían esperado comerse asado.