lebrel

(redireccionado de lebreles)

lebrel, a

(Del cat. llebrer.)
adj./ s. m. CAZA, ZOOLOGÍA Se aplica a los perros de talla alta, aspecto esbelto, hocico recio y puntiagudo, pecho estrecho y profundo y orejas caídas, que poseen grandes cualidades para la caza.

lebrel, -la

 
adj.-m. zool. Díc. de la raza de perros de talla alta y delgada, con el labio superior y las orejas caidas, y que se usa para cazar.
Traducciones

lebrel

SMgreyhound
Ejemplos ?
Cruzaron al fin la turba de la justicia lebreles con su varas en la mano, y el tribunal en los dientes; amenazando prisiones y olfateando a los pobretes, por si faltan los culpados que no falten penitentes.
Por su mano se entretenía en afilar en los ratos de ocio las agudas saetas de su ballesta de marfil, él domaba los potros que había de montar su señora, él ejercitaba en los ardides de la caza a sus lebreles favoritos y amaestraba a sus halcones, a los cuales compraba en las ferias de Castila caperuzas rojas bordadas de oro.
Estaba de Dios que había de marcharse. Y la cabalgata se detuvo, y enmudecieron las trompas, y los lebreles dejaron refunfuñando la pista a la voz de los cazadores.
que esta noche mis lebreles os desgarran el jubón!— A tan brusco llamamiento, Pedro Ibáñez requirió, poniéndose en pie, su espada, con semblante tan feroz, que oyóse entre las mujeres un ¡ay!
l negrito Valentín era en 1798 un ladronzuelo hecho y derecho; pero aviesa fortuna lo perseguía, pues nunca libraba de caer en manos de les lebreles que contra los amigos del bien ajeno mantenía regimentados su señoría el alcalde de casa y corte.
¿Quién baja de la altura Espoleando las nubes, que parecen negros potros que cruzan la llanura? ¿Quién hace aullar las olas como hambrientos lebreles, y azota con su látigo de fuego las rocas y los frágiles bajeles?
1 DE ENERO DE 1865 Se enderezó en el lecho de Oriente la amazona, ciñendo sobre el cuerpo su invulnerable arnés; crispada la melena se levantó la leona; temblaron los lebreles que aullaban, a sus pies.
Paseábase éste una tarde a orillas del lago Titicaca, cuando después de haber apostado sus lebreles o alguaciles en varias encrucijadas, acercósele el familiar, y poniéndole la mano sobre la espalda, le dijo: -¡Aquí de la Santa Inquisición!
Dispúsola Godofredo Con su pompa acostumbrada, (63) Y á ver los preparativos El pueblo se despoblaba. Al murmullo de la gente Y al estruendo de las armas Muchos caballos relinchan Y muchos lebreles ladran.
Presentóse en ella al punto Don Lope con sus lebreles, Y grande acompañamiento De curiosos y de gentes; Y en sus miradas de triunfo Bien claro don Juan advierte El poder que la venganza Dentro de su pecho ejerce.
¡Fuego! »¡Sangre, lebreles! Si sus dioses hallo »Y hasta su templo llego, »Venid a verlos luego »Atados por los pies a mi caballo.» Y así Atila clamando, Giró en carrera rápida y violenta, Sus tigres azuzando, La ancha espada mostrando Hasta el torcido gavilán sangrienta.
No duerme bajo la tierra el que la tierra ha labrado.» II Miguel, con sus dos lebreles y armado de su escopeta, hacia el azul de los montes, en una tarde serena, caminaba entre los verdes chopos de la carretera, y oyó una voz que cantaba: «No tiene tumba en la tierra.