leñador

leñador, a

1. s. OFICIOS Y PROFESIONES Persona que se dedica a cortar leña los leñadores usan sierras mecánicas muy potentes. leñatero
2. COMERCIO Vendedor de leña.

leñador, -ra

 
m. f. Persona que tiene por oficio cortar leña.
m. Leñero (que vende).

leñador, -ra

(leɲa'ðoɾ, -ɾa)
sustantivo masculino-femenino
persona que tiene por oficio cortar y vender madera un leñador muy diestro
Traducciones

leñador

Holzfäller

leñador

bûcheron

leñador

houthakker

leñador

حطاب

leñador

drwal

leñador

SM/Fwoodcutter, logger
Ejemplos ?
El leñador cogió del brazo a Rafaelito y le llevó delante de un árbol corpulento, cuyo tronco desaparecía cubierto por la hiedra.
-Pues mira, leñador, que yo no soy camarón como parezco, sino una maga de mucho poder, y si me oyes, tu mujer se contentará, y si no me oyes, toda la vida te has de arrepentir.
Al otro extremo de la pradería vio a un hombre que con un hacha estaba partiendo las ramas secas que alfombraban el piso, y juntándolas para reunir un haz de leña. Manejaba el hacha con tanto garbo, que Amado no apartaba la vista del leñador.
Las manos le bailaban a Loppi del asombro. -Ya ves, leñador-le dijo el camarón,-que no soy desagradecido. Ven acá todas las mañanas, y en cuanto digas: «¡Al morral, peces!» tendrás el morral lleno, de los peces colorados, de los peces de plata, de los peces amarillos.
Fueron a un bosque tan espeso que nada se veía a diez pasos de distancia. El leñador se puso a cortar madera y sus hijos a recoger ramaje seco para hacer manojos.
-Probaré, señora maga, probaré-dijo el leñador; y puso en la yerba con mucho cuidado el camarón milagroso, que se metió de un salto en el agua.
«Con tal-pensó Loppi-que la maga me quiera hacer este favor.» Y al otro día a la mañanita fue al charco, y se puso a dar voces: Camaroncito duro, Sácame del apuro: y el agua se movió, y salió una boca negra, y luego otra boca, y luego la cabeza, con dos ojos grandes que resplandecían. -¿Qué quiere el leñador?
El leñador despachó inmediatamente a su mujer a la carnicería, y como hacía días no habían comido, compró tres veces más carne de la necesaria para la cena de dos personas.
Amado, que simpatizaba cada vez más con Ignoto, no paró hasta que le hizo comer de los exquisitos manjares y catar los vinos y helados que sus pajes traían, a lo cual se prestó el leñador con muy buen apetito, asegurando que pocas veces gustara tan delicadas golosinas.
-Pues tendrá lo que quiere tu mujer-respondió el camarón.-Al sentarte esta noche a la mesa, dale tres golpes con el dedo meñique, y di a cada golpe: «¡Sopa, aparece: aparece, tocino!»Y verás que aparecen. Pero ten cuidado, leñador, que si tu mujer empieza a pedir, no va a acabar nunca.
El leñador acabó por enfadarse, pues su mujer repitió más de veinte veces que ya había pronosticado que se arrepentirían de lo hecho, y la amenazó con pegarla si no callaba.
Dijo que se llamaba Ignoto; y como Amado se empeñase en que le había de mostrar su cabaña, el leñador le condujo a una próxima y muy pobre, en que sólo había un cántaro con agua, un banco de madera y tres o cuatro pucheros y escudillas de barro.