lascivia


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lascivia

s. f. Inclinación desmesurada a los placeres sexuales la miraba con lascivia. lujuria, concupiscencia

lascivia

 
f. Propensión a la lujuria.
Traducciones

lascivia

lascivité

lascivia

lascívia

lascivia

SFlust, lewdness, lasciviousness
Ejemplos ?
Ese altivo monarca, que embriagado Yace en perfumes y lascivia impura, Despechado sabrá que no hay cadena Que la mano de un libre no destruya.
Hizo el diablo que una mañana el campanero, que tenía ojos de lince, alcanzara a descubrir las esculturales formas de Venus convertida en ondina, y desde ese momento la castidad del lego se evaporó, despertánsose en él la adormida lascivia.
Antipas - ...has enredado mi alma en los bucles de tu baile... ¿Por qué así me la retuerces de lascivia? Salomé cae bajo la calcárea estela del astro noctámbulo.
En cualquier casa en la que entre, será en beneficio de los enfermos, absteniéndome de toda falta voluntaria o corrupción y de lascivia con las mujeres u hombres, libres o esclavos.
Hay un sitio adecuado a la crápula; llénalo con todas las impurezas, y que el pudor se aleje de allí; mas en el momento que lo abandones, relega al olvido tu lascivia, y que tu cama sola sepa tus desafueros.
Pero ahora el niño recién nacido es entregado a alguna criaduela griega y se el agrega uno que otro esclavo, el más vil de todos los de la casa, y de los que nada valen para servicio alguno serio; el tierno ánimo del niño se empapa desde luego de las patrañas y prejuicios de éstos; ni a nadie de los de la casa se le da nada de lo que se diga o haga delante del amo niño, puesto que si aun los mismos padres avezan a sus hijos a la bondad ni a la modestia, sino a la lascivia y a la burla perversa, por cuyo medio se introduce la desenvoltura y el menosprecio de lo propio y de lo extraño.
Te regocijaste en tu felicidad, te entusiasmaste con tales gozos, te entregaste a la ambición como una bacante se arroja a la lascivia, cuando no escucharás ni observarás a ningún hombre de bien en el conjunto de tus sicarios.
Chiripa, a quien había sorprendido la tormenta en el Gran Parque, tendido en un banco de madera, se había refugiado primero bajo la copa de un castaño de Indias, y en efecto, se había mojado ya las dos veces de que habla el refrán; después había subido a la plataforma del kiosko de la música, pero bien pronto le arrojó de allí a latigazo limpio el agua pérfida que se agachaba para azotarle de lado, con las frías punzadas de sus culebras cristalinas. Parecía besarle con lascivia la carne pálida que asomaba aquí y allí entre los remiendos del traje, que se caía a pedazos.
«La avaricia cruel, sedienta de oro; la ira sangrienta, lívida y cobarde; la adulación astuta y sin decoro; la envidia artera; el fastuoso alarde del necio orgullo; la lascivia impura, que aún en las venas agotadas arde; el ciego azar de la ignorancia oscura la soberbia razón, rebelde al yugo, vistiéndose el disfraz de la locura; el egoísmo ruin, árbol sin jugo, sin frutos y sin sombra; el vil recelo, sirviéndose a sí propio de verdugo; la falsa ciencia huérfana del cielo; trémula y suspicaz la tiranía; la venganza, sin goce y sin consuelo; pálida la menguada hipocresía, haciendo, infame, su bazar del templo y en los dones de Dios su granjería: eso miré en su fondo, y lo contemplo hoy como ayer, cual ponzoñosa yerba, cual negra mancha y cual dañino ejemplo.
Como gritan el hambre, el miedo, la lascivia en el cuerpo del asceta, del héroe, del casto, gritaba en él, a su juicio, la vanidad artística; pero el remedio estaba en despreciarla, en ahogar sus protestas.
En el mundo estaba el amor, la redención perpetua; el amor verdadero, que era cosa para muy pocos; cuando dos almas capaces de comprenderlo y sentirlo se encontraban, la ley era armarse, por encima de obstáculos del orden civil, buenos, en general, para contener las pasiones de la muchedumbre, pero inútiles, perniciosos, ridículos, tratándose de quien no había de llevar tan santa cosa como es la pasión túnica, animadora, por el camino de la torpeza y la lascivia...
¡Oh, las caricias lentas, sabias e insinuantes de aquellas manos delgadas y nerviosas; la lascivia de aquellos labios que modulaban los besos como una cantatriz de genio modula las notas de una frase musical; ¡oh!, el refinamiento de sensualidad, la furia del goce, la gravedad casi religiosa de todos los minutos consagrados al amor, como si en vez de tener de él la miserable noción moderna que lo relega al dominio de lo inmundo lo sintiera ella grave y noble y como una función augusta.