Ejemplos ?
He had, however, some courage in him, and said to his father, "Father, I must and will go out into the world." "That's right, my son," said the old man, and took a long darning-needle and made a knob of sealing-wax on it at the candle, "and there is a sword for thee to take with thee on the way." Then the little tailor wanted to have one more meal with them, and hopped into the kitchen to see what his lady mother had cooked for the last time.
She took up the thimble, and wanted to get hold of him, but little Thumbling hopped into the cloth, and while the mistress was opening it out and looking for him, he got into a crevice in the table. "Ho, ho, lady mistress," cried he, and thrust his head out, and when she began to strike him he leapt down into the drawer.
Era la última recepción que daba Lady Windermere, antes de comenzar la temporada primaveral. Los sa­lones de Bentinck-House se hallaban más llenos de invitados que nunca.
Cabellos de oro puro no como esos de tono pajizo que usurpan hoy día la bella denominación del oro, sino cabellos de un oro como tejido con rayos de sol o bañados en un ámbar extraño; cabellos que encuadraban su rostro con un nimbo de san­ta y, al mismo tiempo, con la fascinación de una pecadora. Lady Windermere constituía realmente un curioso estu­dio psicológico.
-murmuró la duquesa, intentando recordar lo que era exactamente un quiromántico y confiando en que no se­ría lo mismo que un pedicuro. -Viene a leer en mi mano dos veces por semana -prosiguió lady Windermere- y es muy interesante.
Dice la buenaventura, ¿no es eso? -Y la mala también -respondió lady Windermere- ­y muchas cosas por el estilo. El año próximo, por ejem­plo, correré un gran peligro, en tierra y por mar.
Digo el remedio porque el placer comprado me repugna como una droga nauseabunda y no está en Londres ninguna de las dos amigas inglesas que me darían una noche de caricias, ni aquella aristocrática Lady Vivian encontrada en Berlín hace un año, tan fresca y tan dulce y tan loca y tan ardiente; ni la otra, Fanny Green, la profesional a quien tuve tres semanas en Roma, hace cuatro años, estúpida como una campesina ignorante y sentimental como una heroína de Richardson, pero insuperablemente hermosa.
El lamentable incendio del teatro del Globo, acontecimiento debido, dicho sea de paso, a ese entusiasmo por la ilusión escénica que distinguía la dirección de Shakespeare, por desgracia, nos ha despojado, de un número de documentos importantes; pero en el inventario, que todavía existe, del guardarropa de un teatro en Londres coetáneo de Shakespeare, se hace mención de trajes especiales para cardenales, pastores, reyes, payasos, frailes y bufones; cotas verdes para los hombres de Robin Hood y un vestido verde para lady Marian...
Ambición mo­derada, línea de la inteligencia sin exageración, línea del corazón... -Sea usted indiscreto sobre este punto, míster Pod­gers -interrumpió lady Windermere.
declara Imogenia, bromeando a cerca de la pérdida del brazalete, de camino ya hacia Roma, para robarle la fe su esposo; el principito, al dirigirse a la torre, juguetea con la daga que su tío lleva en la cintura; Duncan envía una sortija a lady Macbeth la misma noche de su asesinato, y el anillo de Porcia convierte la tragedia del mercader en una comedia marital.
Una nota de la Vida de Dickens, de Forster, refiere que en 1847 lady Blessington recibió de su hermano el Mayor Power, de guarnición en Hobart Town, un retrato al óleo antiguo de una joven, ejecutado por el hábil pincel del literato asesino, y en el cual, según parece, había él conseguido transmitir la expresión de su propia maldad al retrato de una bella y honrada muchacha.
-Mi querida Gladys: realmente, no creo que esto sea del todo correcto -dijo la duquesa, desabrochando un guante de cabritilla bastante sucio. -Lo que es interesante no es nunca correcto -dijo lady Windermere-.