lacio


También se encuentra en: Sinónimos.

lacio, a

(Del lat. flaccidus, lánguido .)
1. adj. Se refiere al cabello completamente liso tiene el pelo lacio y por eso se ha hecho una permanente. laso
2. Que está marchito o ajado estas rosas se han puesto lacias. mustio
3. Que no tiene vigor, flojo quiero hacer gimnasia porque tengo los músculos lacios. alicaído, endeble

lacio, -cia

 
adj. Marchito, ajado.
Flojo, sin vigor.
Díc. del cabello que cae sin formar ondas ni rizos.

Lacio (Lazio)

 
Región del centro-O de Italia, junto al mar Tirreno, integrada por las prov. de Frosinone, Latina, Rieti, Roma y Viterbo; 17 203 km2 y 5 031 230 h. Cap., Roma. Zona montañosa en los Apeninos centrales y área vocánica, con los lagos Bolsena y Braciano. Costa baja y arenosa al O. El principal río es el Tíber. Clima mediterráneo. Trigo, olivos y frutales. Ganadería lanar y vacuna. Ind. diversa. Pesca de atún, sardinas y ostras. Turismo. Se la llama también Campiña romana.

Lacio

 
Región histórica de Italia central, situada entre el Tíber y los montes Albanos.

lacio, -cia

('laθjo, -θja)
abreviación
1. hirsuto relativo al cabello que no tiene ondas ni rizos pelo lacio
2. planta que ha perdido su verdor y sus hojas Unas margaritas lacias adornaban la mesa.
3. que no tiene potencia ni fuerza músculos lacios
Sinónimos

lacio

, lacia
adjetivo
3 liso.
Aplicados al cabello que cae sin formar ondas ni rizos.

lacio:

laxomustio, débil, flácido, decaido, flojo, marchito, lánguido,
Traducciones

lacio

Latium

Lacio

SMLatium

lacio

ADJ
1. [pelo] → lank, straight
2. [movimiento] → limp, languid
3. (Bot) → withered, faded
Ejemplos ?
¡Tal vez la historia de otra Niña Chole! Ensoñador y melancólico permanecí toda la tarde sentado a la sombra del foque, que caía lacio sobre mi cabeza.
Contempla la de los Encajes con indiferente expresión el golpe de vista que presenta la calle; su figura destácase en la riente penumbra como en ella colocada por la mano de un artífice, con su rostro atezado donde la juventud desborda en tersuras y en purpurinas florescencias, con sus ojos fulgurantes y lánguidos; con sus labios carmesíes y carnosos que siempre entreabiertos, dejan ver la dentadura, si desigual, limpia y como de marfil; con su pelo lacio y negrísimo partido en dos bandas sobre la frente y graciosamente recogido sobre la nuca; con su nariz que ligeramente arremangada da a su rostro apicarada expresión, lo mismo que los dos hoyuelos que al sonreír aparecen en sus bien curvadas mejillas.
-El puño es de carreteros -arguyó el comandante Irazu, hombre desmedrado, lacio como un guante viejo, mirando de soslayo, con aparente desdén, la enorme diestra huesuda de Mauro Pareja.
palpitó venturoso! Del Lacio, moribundo, las riberas huyendo, inhospitables, contrastado del viento y mar entre ásperos bajíos. vi tu lumbre divina: viéronla como yo los marineros, y, olvidando los votos y plegarias que en las sordas tinieblas se perdían.
Un ligero bozo apuntaba en su labio superior, y el cabello negro y lacio que caía sobre su frente oprimida y estrecha y le daba un aspecto casi infantil.
Caminó deprisa durante algún tiempo; después acortó el paso, y su mirada, que dirigía hacia adelante, encontró el hombro del joven cuya levita tenía un cuello de terciopelo negro. Su pelo castaño le caía encima, lacio y bien peinado.
Volvíme, y era un muerto muy lacio y afligido, muy blanco y vestido de blanco, y dijo: -Duélete de mí, y si eres buen cristiano, sácame de poder de los cuentos de los habladores y de los ignorantes que no me dejan descansar, y méteme donde quisieres.
Hijo de Saturno, padre y defensor de la humana gente, a ti confian los hados la misión de velar por el gran César, que será tu segundo en la tierra; y ya ostente en su triunfo los parthos domados que amenazaban al Lacio, o sujete en las comarcas orientales a los seres y los indos, bajo tu imperio regirá con sabias leyes el mundo; mientras tú estremecerás el Olimpo con las ruedas de tu carro, y con la diestra lanzarás el rayo sobre los bosques que la impiedad ha profanado.
on las sedas de Persia mal velados el seno impuro y la marmórea espalda, y al par mustios y ajados el color de la tez y la guirnalda, que en el festín ciñó, de húmeda yedra, la matrona del Lacio, las rosas ve con que el umbral de piedra cubre de su palacio cada noche el amor, de su honra insulto; mézclase al coro de los himnos griegos, que a Isis consagra el vergonzoso culto, y murmurando sáficos de Horacio, del circo acude a los sangrientos juegos o ama del foro el popular tumulto.
De la sucesión del reino de los israelitas después de los jueces CAPÍTULO XXI. Cómo entre los reyes del Lacio, el primero, Eneas, y el duodécimo Aventino, fueron tenidos por dioses CAPÍTULO XXII.
Y Virgilio lo insinúa bien claro en estas expresiones: «Éste civilizó a la gente indócil e inculta que vivía derramada por las asperezas de los montes, dándoles leyes para la dirección de sus acciones, y quiso mejor que aquel país se llamase Lacio, esto es, escondrijo, porque seguramente había estado escondido en él; y según la voz de la fama en su tiempo, esto es, reinando él, florecieron los siglos de oro.» Pero dirán que esto es ficción poética, y que el Padre de Pico fue realmente Esterces, el cual, siendo un hombre muy intruido en la agricultura, dicen que halló el secreto de cómo debían fertilizarse los campos con el excremento de los animales el cual de su nombre se llamó estiércol.
Entonces los atenienses, después de la muerte de Codro, dejaron de tener reyes y comenzaron a tener magistrados para gobernar la república Después de David, que reinó también cuarenta años, su hijo Salomón fue rey de los israelitas, el cual edificó el suntuoso y famoso templo de Jerusalén; en cuyo tiempo entre los latinos se fundó la ciudad de Alba, de la cual en lo sucesivo comenzaron a llamarse los reyes, no de los latinos, sino de los albanos, aunque era en el mismo Lacio.