jugador


También se encuentra en: Sinónimos.

jugador, a

1. adj./ s. JUEGOS Que participa en un juego me gusta jugar al parchís con más de dos jugadores.
2. DEPORTES Que forma parte de un equipo los jugadores del equipo de fútbol de su ciudad estaban molestos con el entrenador.
3. JUEGOS Que juega con frecuencia a juegos de azar es un jugador empedernido.
4. JUEGOS, DEPORTES Que es hábil en el juego fue un gran jugador de ajedrez.
5. jugador de manos Persona que se dedica a hacer juegos de manos. prestidigitador

jugador, -ra

(xuγa'ðoɾ, -ɾa)
sustantivo masculino-femenino
1. persona que participa en un deporte o actividad de entretenimiento un jugador de tenis
2. persona aficionada a las apuestas Los jugadores compulsivos son adictos a las apuestas.
Sinónimos

jugador

, jugadora
jugador de manos adjetivo prestidigitador, ilusionista.

jugador:

ludópatadeportista, tahúr, atleta, componente, participante,
Traducciones

jugador

player, gambler

jugador

hazardní hráč, hráč

jugador

hasardspiller, spiller

jugador

pelaaja, uhkapeluri

jugador

joueur

jugador

igrač, kockar

jugador

ギャンブラー, 選手

jugador

도박꾼, 선수

jugador

gokker, speler

jugador

spelare

jugador

นักกีฬา, นักพนัน

jugador

cầu thủ, người chơi bạc

jugador

SM/F
1. [de deporte, juegos de mesa] → player
jugador(a) de ajedrezchess player
jugador(a) de baloncestobasketball player
jugador(a) de fútbolfootballer, football player
jugador(a) de manos (anticuado) → conjurer
2. [de apuestas] → gambler
jugador(a) de bolsastock market speculator
Ejemplos ?
Y el que compra bonos no será ya un jugador, será un ahorrador porque, aunque no quiera, le devolverán el dinero con intereses, aunque no quiera.
Un novato en el juego trata generalmente de confundir a sus contrarios, dándoles a buscar los nombres escritos con las letras más pequeñas; pero el buen jugador escogerá entre esas palabras que se extienden con grandes caracteres de un extremo a otro del mapa.
El recuerdo de unos amores ruidosos con nos actrices de moda; la sonrisa nostálgica de una docena de mundanas de precio; la fama olvidada de unos cuantos desafíos; cierto prestigio de jugador temerario y sereno, y una reputación de esgrimidor caballeresco e intransigente en materias de honra, era todo lo que restaba al beau Sagreda después de su ruina.
“El Gobierno Revolucionario, atendiendo a la psicología e idiosincrasia del pueblo, se propone sustituir el vicio por el hábito de ahorrar, que reintegre por ley al jugador lo que este invierte en el mismo.
Tal vez dos criaturas por un amor dichosas, tal vez dos almas puras que velan laboriosas en ímprobo trabajo para vivir con él; tal vez un estudiante, tal vez un escondido, tal vez mujer constante que con atento oído espera a su marido, o jugador o infiel: Y he aquí cómo es la gente curiosa, impertinente, y del que vive enfrente pensando siempre mal, pendiente siempre un ojo del ojo de su llave, cree todo que lo sabe y que lo ve, y no hay tal.
Ni los garitos, ni el juego; incluso, la lotería la vamos a cambiar, ya la estamos cambiando completamente, y el individuo que compra billetes, en vez de un jugador, aunque no quiera, es un ahorrador porque, aunque no quiera, se le devuelve el dinero con intereses al cabo de cinco años.
Durante la noche, en el momento en que cerraba los ojos, me convertía en un joven caballero, experto en mujeres, perros y caballos, jugador de dados, bebedor y blasfemo.
Mírale andar en coche como un conde, la bolsa llena de oro, y por su oficio pregúntale por ver si te responde. Pues ese es jugador; noble ejercicio; tiene en el candelero que sustenta, sino un condado real, un beneficio.
Siguiose a esta escena la de un jugador perdidoso que había perdido el último maravedí, y necesitaba armarse para volver a jugar; dejó un reloj, tomó diez, firmó quince, y se despidió diciendo: «Tengo corazonada; voy a sacar veinte onzas en media hora, y vuelvo por mi reloj».
Le dio dinero a Jean Coll, que todavía guarda cama después de quince días, y el médico dice que ya no andará con esa pierna como con la otra. Es una pena, él que era el que mejor corría y después del hijo del señor, nuestro más hábil jugador de frontón.
Otro jugador ganancioso vino a sacar unas sortijas del tiempo de su prosperidad; algún empleado vino a tomar su mesada adelantada sobre su sueldo, pero descabalada de los crecidos intereses; algún necesitado verdadero se remedió, si es remedio comprar un duro con dos; y sólo mentaré en particular el criado de un personaje que vino por fin a rescatar ciertas alhajas que había más de tres años que cautivas en aquel Argel estaban.
ice el padre Isla (Ger.) que hallándose un predicador ignorante en lo más tierno de su sermón, entre un auditorio lleno de temor de Dios, no sabiendo de qué texto echar mano para acabar de aterrarle y convencerle, exclamó con aquel verso de Virgilio, y como nadie le entendió quedaron todos persuadidos de que les había dicho una porción de picardías; «con lo cual -añade- lloraban aquellos salvajes que era una bendición de Dios». ¿Qué no hubiera dicho el crítico padre Isla si hubiera asistido al Jugador?