Ejemplos ?
Vagabundear laberintos de la vida, recintos de la muerte, Contemplar los jardines de siluetas esbeltas y configuraciones armónicas y húmedas de tanta fuente.
Y dicen que desbaratado el ejército de MAXTLA, éste se escondió en uno de los TEMASCALES, los baños de vapor, de sus jardines y de ahí fue sacado con gran vituperio y burla.
si en un esceso De humor fatal con tan oscura tinta Pude contarte tan atroz suceso; No siempre alegre nuestra pluma pinta De ciego amor el voluptuoso halago, El bullicio del circo y los festines, De blancos sueños el tumulto vago Y el aroma del templo y los jardines.
Muchachas Como una flor, en los cercados jardines secreta, nace, desconocida para el ganado, de ningún arado desgarrada, 40 que acarician las auras, afirma el sol, cría la lluvia: muchos chicos a ella, muchas chicas la desearon; la misma, cuando la cogío, cuando la carpió una tenue uña, no hay un chico que a ella, no hay que la desee una chica: así la virgen, mientras intacta sigue estando, mientras, cara a los suyos es.
Otra vez, en pleno verano, vagando por los alrededores de París, llegué a los jardines de Robinsón, con sus grandes árboles, cuyo ramaje abriga como nidos las aéreas cabañas que sirven de comedores.
Llanura deliciosísima, óptica espaciosa inmensa que alcanza su vista absorta desde atalaya dispuesta. Mágico cuadro fantástico de fertilísimas vegas, de jardines encantados y montañas pintorescas.
ajo el manto de estrellas de una noche espléndida y glacial, Roma se extiende mostrando a trechos la mancha de sombra de sus misteriosos jardines de cipreses y laureles seculares que tantas cosas han visto, y, en islotes más amplios, la clara blancura de sus monumentos, envolviendo como un sudario, el cadáver de la Historia.
A través del enorme ventanal que permite ver desde las alturas a la extensa ciudad, observa cuan pequeño parece todo desde ahí: Edificios, jardines, automóviles, seres.
Dos ríos van regando en sus confines por aquella ciudad hermosa y leda un número infinito de jardines que sin flor nunca ni verdura queda.
Porque Lucía, hija al fin de los Amadei, no había nacido para la mortificación y el dolor, sino para agotar las alegrías de la vida, para recrearse en el grato sonido del bandolín, en el armonioso ritmo de las estancias de los poetas, en la magia del color, en la dulce y misteriosa calma de los jardines, donde sonreía la eterna hermosura de las estatuas griegas y sólo el peso de ajenas culpas y el anhelo de la expiación la habían arrojado palpitante de angustia y de terror al pie de los altares, donde a cada minuto recordaba involuntariamente el mundo y sus goces.
Los que ataren animales de cualquier clase en árboles o verjas de los jardines, de las plazas, de los paseos públicos o avenidas, o en los postes de las líneas de telégrafo, teléfono o luz eléctrica; 18.
Jamás pensó que las flores que sus jardines criaran, los salones perfumaran preparados al festín; jamás pensó que las noches que ella pasaba en su lecho, tuvieran bajo otro techo más delicioso, otro fin.