Ejemplos ?
También dio orden de que "suba la gente a las jarcias y se den los tres vivas de ordenanza antes de retirarnos", al entender que había cumplido su propósito.
Diccionario jeográfico de la República de Chile En 1866 se instala en este sector una industria de cáñamo y jarcias, cerca de la estación del ferrocarril.
Las velas de La Niña carecían de rizos, por lo que no tenían un sistema de cabos que permitiera reducir la superficie en caso de fuerte viento. Las jarcias que sostenían los palos estaban enganchadas en los costados del buque.
Los hurtos, llamando por su verdadero nombre a los enjuagues de bastimentos, jarcias y municiones, entre tantas corruptelas practicadas con los atrasos constantes de las pagas.
Entre los siglos XVII y XVIII cabe resaltar la fuerte actividad industrial desarrollada en la ciudad y que se puede dividir en dos etapas: En la primera de ellas, que iría de 1674 a 1762 se instalaron fábricas textiles de varios tipos, todas ellas promovidas por los flamencos Baltasar de Roo y Adrián Kiel, que llegaron a Galicia exiliados de su país natal. En 1674 fundarían la fábrica de lona y jarcias que habría de ser la más duradera.
El modelismo en madera es uno de los más admirados por el público en general por la complejidad del trabajo y la vistosidad de las velas y jarcias.
Vuelve, vuelve la proa: que presumir de nave fortunas ocasiona. ¿Qué jarcias te entretejen? ¿Qué ricas banderolas azote son del viento y de las aguas sombra?
Improvisose de marinero Roque Lanceote, y era tal su entendimiento y tan grande su resistencia, que poco después merecía la confianza del capitán, un marino de Blanes, que decía frecuentemente a los otros tripulantes, en torpe mezcla del castellano y del catalán: -Aquest noy, es mucho valiente... Él sube a las jarcias como un mono...
Ráfagas venidas de las selvas vírgenes, tibias y acariciadoras como aliento de mujeres ardientes, jugaban en las jarcias, y penetraba y enlanguidecía el alma el perfume que se alzaba del oleaje casi muerto.
Combatiendo encontrados los huracanes con el ronco bramido de cien volcanes, las naves entregaron en un momento los penoles al agua, la quilla al viento. Roto quedó el velamen, las jarcias rotas, rotos estáis, obenques, drizas y escotas.
Yo escribiré cómo muge El vendaval en tus torres, Cómo entro las jarcias cruje Del buque que va a anegar; Cómo zumba en las almenas Con que ciñes tus castillos, Cómo silba en las cadenas Que el puente han de sujetar.
Igual que una península llevaba las disputas y el fimo de chillonas aves de ojos melados, y mientras yo bogaba, de entre jarcias enjutas bajaban a dormir, de espaldas, los ahogados.