Ejemplos ?
Gracias a la amistad con los padres jesuitas, su padre don Lorenzo pudo ir a Roma acompañado del padre Oviedo, quien lo presentó con el Santo Padre.
Como consecuencia, Cayo Memmio, tribuno de la Plebe, promovió una investigación, solicitando la presencia del propio Yugurta, pero fue vetado por otro tribuno sobornado, Cayo Bebio. Yugurta tuvo que ir a Roma, pero no llegó a declarar.
Sexto pactó entonces con el gobernador de la Hispania Citerior y de la Galia Narbonense, Lépido, por el cual se establecía una tregua y se permitía que Sexto pudiera ir a Roma para recibir la herencia paterna.
Cuando Doug recupera la consciencia ayuda a Sinead a salir del edificio cuando ella se da cuenta de que Doug está sangrando se lo dice pero él no le hace caso y decide entrar nuevamente al edificio para salvar a Ste, después de buscar por un rato Doug logra encontrar a Ste e intenta rescatarlo pero el piso de arriba colapsa y termina atrapándolos, mientras esperan ayuda ambos se revelan sus sentimientos: Ste le dice a Doug que nunca le gustó su acento y que siempre lo iba a elegir y Doug le dice que nunca le gustó la forma en que Ste hacía el café, Ste le dice que siempre quiso ir a Roma y cuando le pregunta a Doug si podían ir primero ahí él acepta...
Los esposos cristianos Priscila –también llamada Prisca– y Aquila, cuya amistad hacia Pablo de Tarso resultó entrañable, fueron capaces de levantar su tienda y partir con él desde Corinto a Éfeso y luego ir a Roma, de donde habían sido exiliados previamente, para preparar la llegada del Apóstol.
José Maria Goicoechea nos confirma que estas conclusiones las compartió antes con el organista de la Catedral de Sevilla y director del Conservatorio de Sevilla Norberto Almandoz con el que coincidió en Sevilla antes de ir a Roma.
Consiguió ir a Roma tras ser beneficiario de las primeras “Pensiones de Roma” y esa estancia fue decisiva en su preparación, formación e ideario arquitectónico.
Según Edward Gibbon: Filipo no iba a repetir los errores de anteriores pretendientes al trono, y sabía que debía ir a Roma para conseguir el reconocimiento del Senado romano.
El soldado que supo comprarme sin habérselas con vendedor alguno y se apropió de mi persona sin aflojar la bolsa, viose obligado, por las necesidades de su profesión, a ir a Roma a llevar un mensaje al emperador, y con tal motivo me vendió por once denarios a dos hermanos, esclavos de un rico señor.
Ha pasado un carretero, que va cantando un cantar: «Romero, para ir a Roma, lo que importa es caminar; a Roma por todas partes, por todas partes se va.» LIII Ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza, entre una España que muere y otra España que bosteza.
—Allá voy, siguió el payo, suspirando; pues, como iba contando, una cama hay no más en esta pieza para tantas personas; mi pobreza no permite tampoco que tengamos ninguna luz cuando nos acostamos, y así yo, equivocado, muchas veces a oscuras he topado en vez de mi mujer, ¡ay!, con mi madre, y otras veces… ¡Ay, padre, será fuerza ir a Roma si de absolverme el cargo no se toma!
—No haré, replicó el payo, que huele a capuchino vuestro sayo; pero a mí me han perdido las equivocaciones sin luz, medio dormido, he compuesto en diversas ocasiones, lo mismo que a mi madre a mis cuñadas, y todas cuatro están embarazadas. Si el cargo no se toma Su Reverencia, padre, de absolverme, me costarán mis culpas ir a Roma y no sé en mi pobreza cómo hacerme.