Ejemplos ?
-preguntó Sara al barquero apenas se hubieron alejado de los molinos y como refiriéndose a algo de que ya habían tratado anteriormente. -Ni los he podido contar -respondió el interpelado: ¡un enjambre!
-murmuró el interpelado, recogiendo otra vez el lío de ropa, o sea el balandrán y dos camisas sucias, que había puesto sobre un banco al entrar en la taberna.
La primera es osada e irreverente como ella sola, dado el carácter irascible, fogoso y, hasta cierto punto, olímpico del interpelado.
Discurríase una noche en la tertulia palaciega sobre el Apocalipsis y el juicio final; y el virrey, volviéndose a un garnacha, mozo limeño y decididor, que hasta ese momento no había despegado los labios para hablar en la cuestión, le dijo: «Y usted, sesgos doctor, ¿cuándo cree que se acabará el mundo?». «Es claro -contestó el interpelado-, cuando vuecelencia mande que se acabe».
El dependiente dirigiéndose a uno de los hombres le preguntó: -¿Estás seguro de haberla visto atravesar los alambrados? El interpelado repuso: -Tan seguro, señor, como ahora lo estoy viendo a usted.
Cuando Larsen leía algún verso, Patricio sonreía con lástima. Interpelado, aseguraba al buen profesor que su pronunciación helénica era deplorable; que a lo sumo, solo podía compararse al dialecto de los porteros de Atenas en tiempo de Pericles.
Un rayo de esperanza cruzó por el espíritu de don Manuel, y dirigiéndose al minero, dijo: -Amigo, ¿es usted hombre para aceptarme un envite? -Como en ello se contiene, y amén, padre, para que parezca oración -contestó con toda cachaza el interpelado-.
Si alguna vez se dirigían a él, llamándole querido, era para rogarle que les trajera algo o les llevara algo, les levantara algo, les bajara algo, les buscara algo, les cogiera algo, y era interpelado así por una a otra de sus cuñadas lo menos doce veces en una hora.
-No, señor -respondió el interpelado-, sólo tiene madre y tres hermanos pequeños: el padre murió aplastado por un derrumbe cuando empezaron los trabajos del nuevo chiflón.
-Amigo -díjole-, yo soy el que buscas, ¿quién eres y qué es lo que deseas? -Me llamo Juan Fariña, y quiero trabajar en la mina -fue la breve contestación del interpelado.
Como no hacía frío fuimos a popa. Al sentirse interpelado sobre las historias, Broqua respondió -Sí, señora, sé una, pero es un poco fuerte.
Tráeme alforfón. Y el interpelado iba a Langeland. La hermosa genciana azul y el romero se encontraban en Skagen, y la brillante oxiacanta, en Silkeborg.