intelecto


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intelecto

(Del lat. intellectus.)
s. m. Inteligencia o facultad intelectiva la realidad puede ser captada por el intelecto o por los sentidos. entendimiento

intelecto

 
m. Entendimiento, inteligencia, facultad con que piensa el hombre.
Sinónimos
Traducciones

intelecto

intellect, wit, brain

intelecto

intellect

intelecto

intellect

intelecto

intelecto

intelecto

Intellect

intelecto

интелект

intelecto

智力

intelecto

智力

intelecto

intellekt

intelecto

האינטלקט

intelecto

지성

intelecto

SM intelectiva SFintellect

intelecto

m intellect
Ejemplos ?
Éstas, lo mismo que los anuncios y tablillas expuestas en las calles con letras grandísimas, escapan a la observación a fuerza de ser excesivamente notables; y aquí, la física inadvertencia ocular es precisamente análoga a la inteligibilidad moral, por la que el intelecto permite que pasen desapercibidas esas consideraciones, que son demasiado evidentes y palpables por sí mismas.
Todo buen maestro sabe que si el niño y el adolescente apenas surgen a la vida y están aprendiendo a manejar sus emociones, su intelecto y sus deseos, no es posible que se les quiera obligar a adentrarse en las sesudas esferas del pensamiento humano sin la previa significación para ello de lo que se les intenta enseñar; resulta absurdo que alguien les fuerce a aprender incoherencias ante el pretexto de adquisiciones culturales.
No había habido en los españoles durante los primeros cincuenta años del siglo XIX complejidad, reflexión, plenitud de intelecto, pero había habido coraje, esfuerzo, dinamismo.
El intelecto es el encargado de suscitar y organizar los intereses tranquilos y estáticos, como son el buen gobierno, la economía, el aumento de los medios, de la técnica.
Los niños recibían una educación militar; para mantenerse superiores sobre sus esclavos y vecinos, los griegos formaban soldados desde la cuna, sanos de cuerpo, pero mutilados de espíritu pues el intelecto griego, brillante en algunas facetas, permaneció oscuro en muchas, a pesar de las exageradas alabanzas que se hacen de la cultura ateniense; matando a los niños raquíticos y deformes, ejercitando a los otros en la lucha, en la carrera, en toda suerte de juegos corporales, hicieron buenos guerreros de cuerpos ágiles, de formas bellas y gallardas; pero con la disciplina detuvieron el desarrollo intelectual de la raza, que de otra manera habría alcanzado alturas y esplendores mayores.
Los maestros jóvenes tienen la obligación de salvaguardar la grandeza del ser humano y para ello, han de contribuir con el propio ejemplo; cultivar su intelecto, desarrollar su capacidad al máximo y sobre todo, crear, porque el magisterio joven no sólo debe ser un muestrario de vigor, ni un escaparate de audacias y sonrisas, sino ha de obrar inmediatamente y demostrar que la única forma de lograr el bienestar común, no está en las promesas demagógicas ni en los insultos gratuitos o inútiles, ni en las imitaciones traidoras, sino en la acción, y ser maestro es nada menos que eso: Acción continua, hechos precisos, no sólo manoteos y palabras.
Las profundas transformaciones que se emprenderán requieren de un pueblo socialmente consciente y solidario, educado para ejercer y defender su poder político, apto científica y técnicamente para desarrollar la economía de transición al socialismo y abierto masivamente a la creación y goce de las más varias manifestaciones del arte y del intelecto.
Esta coherente descripción de las relaciones que se dan en la estructura del intelecto humano solo tiene un parangón con la descripción que el lingüista Luis Hjelmslev, efectúo con la estructura de las lenguas a través de su Glosemática.
Nuestra imagen del mundo nace de un proceso en el que nuestro intelecto vierte el metal de las impresiones que del exterior recibe en los moldes del tiempo, el espacio y la causalidad.
Vestía, sin embargo, con exquisito gusto, y no dudé de que había cautivado el corazón de mi amigo con las gracias más perdurables del intelecto y del alma.
Cogí, pues, estos libros con el mayor interés y empecé su lectura lo más pronto que me fue posible para saber cuanto antes lo bueno y lo malo de todas las cosas; mas no tardé mucho en perder la ilusión de tales esperanzas, porque desde que hube adelantado un poco en la lectura vi un hombre que en nada hacía intervenir la inteligencia y que no daba razón alguna del orden de las cosas, y que en cambio sustituía al intelecto por el aire, el éter, el agua y otras cosas tan absurdas.
No hay ninguna razón inherente a la naturaleza humana y menos a mi intelecto para poder distinguir siempre que se me está diciendo la verdad o una mentira.