inercia


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inercia

1. s. f. FÍSICA Fuerza que obliga a un cuerpo a mantenerse en el estado en que se encuentra y sin posibilidad de modificarlo sin una ayuda externa.
2. Falta de energía para hacer una cosa cuando está desanimado se deja llevar por la inercia. apatía, pereza
3. por inercia loc. adv. Por costumbre o sin pararse a reflexionar por inercia continuó en aquella empresa, aunque no le satisfacía el sueldo.

inercia

 
f. Flojedad, inacción.
Falta de energía física o moral.
fig.Resistencia pasiva que consiste sobre todo en no obedecer.
mecán. Incapacidad que tienen los cuerpos de modificar por sí mismos el estado de reposo o de movimiento en que se encuentran.
fuerzas de inercia Fuerzas en un sistema de referencia no inercial. Un ejemplo son las fuerzas centrífugas y de Coriolis, que aparecen en los sistemas de rotación.
principio de inercia Primera ley de Newton. (V. Newton.)
Traducciones

inercia

inertia

inercia

inertie

inercia

Trägheit

inercia

inércia

inercia

bezwładności

inercia

инерция

inercia

惯性

inercia

慣性

inercia

inerti

inercia

אינרציה

inercia

慣性

inercia

관성

inercia

tröghet

inercia

SF
1. (Fís) → inertia
2. (= indolencia) → inertia
por inerciathrough force of habit, out of habit

inercia

f. inertia, stillness; lack of activity.
Ejemplos ?
En Velazquez nadie se mueve; si algo puede tomarse por un gesto es siempre un gesto detenido, congelado, una «pose». Velazquez pinta la materia y el poder de la inercia.
Miguel de Unamuno. ¡Inercia letal del puerto a mediodía! En el Iciar — un vaporcito que hace el cabotaje desde San Sebastián — se ha suspendido la labor de carga durante la siesta.
Llegó el tiempo en el que la razón tiene que vencer la inercia vivida como responsabilidad, todavía trabada entre el corazón y el plexo y que angustiaba mi cambiada realidad.
Así le arrancaron a ese pueblo, nuestro pueblo original e indígena, el verdadero dueño de estas tierras donde vivimos los mexicanos, la voluntad para vivir perfeccionándose: HUITZILOPOCHTLI; el espejo ahumeante de la memoria de nuestro pasado: TEZCATLIPOCA; la elevada inteligencia creadora, serpiente emplumada, QUETZALCOATL, y nos dejaron hundidos en el mayor de los daños: La indiferencia, la abulia, la inercia, la desconfianza.
Demos los maestros a la humanidad lo mejor de nuestra inteligencia y de nuestra sensibilidad para que nunca tengamos que lamentar lo que hubiéramos podido hacer y que por apatía, por descuido, por negligencia, por inercia, no realizamos.
Uno de los mayores encantos que para el hombre de tierra ofrece la vida del hombre de mar, es la extrema alternativa entre máxima actividad y completa inercia que aquélla trae consigo.
Y yo os digo que de esa galería oscura de años inertes, de años trágicos, porque la inercia puede tomar en ocasiones el vuelo de una trágica condición, de aquel movimiento de generales que van y vienen y se suceden, de Comisiones que se reúnen y se desunen sin haber resuelto nada, de temas que se suscitan y a los cuales no piensa nadie dar cima ni llegar a la fórmula más elemental de su solución, de todo ese fondo no os quedarán, sin embargo, como lo más característico, flotando en la memoria, grandes crímenes constitucionales, ni, tal vez, demasiado grandes y súbitos descubrimientos de defraudaciones al Erario; pero lo que sí emana de todos esos años oscuros y terribles es una omnímoda, horrible, densísima incompetencia.
Insisten en escribir, por ejemplo, porque no saben hacer otra cosa; por inercia, porque es el pretexto mejor para pensar y sentir...
Esto no le conviene a la mujer; ella necesita que tengamos una personalidad bien definida, para que cuando ellas nos empujen tomemos una inercia firme, segura y lleguemos donde ellas prevean.
Pero en este siglo, en Chile, en esta reunión, que yo miro como un homenaje solemne a la importancia de la cultura intelectual; en esta reunión, que, por una coincidencia significativa, es la primera de las pompas que saludan al día glorioso de la patria, al aniversario de la libertad chilena, yo no me creo llamado a defender las ciencias y las letras contra los paralogismos del elocuente filósofo de Ginebra, ni contra los recelos de espíritus asustadizos, que con los ojos fijos en los escollos que han hecho zozobrar al navegante presuntuoso, no querrían que la razón desplegase jamás las velas, y de buena gana la condenarían a una inercia eterna, más perniciosa que el abuso de las luces a las causas mismas porque abogan.
La inercia, el peso histórico de la falta de una democracia efectiva, de los vicios intrínsecos de nuestro sistema, hacen deducir que de los recursos bancarios se dé prioridad a los gastos políticos y se dejen relegados los requerimientos del apartado productivo.
En paz la hora renaciente, continua y poliformemente, el movimiento y no la inercia, legiones dueñas de sus actos, gente que osa, que comercia, multiplica los artefactos, combate la escasez, la negra miseria y pasa sus revistas a las usinas y talleres; y sus horas áureas alegra con la invención de los artistas y la beldad de las mujeres.